De los «Lusus Naturae» a la reescritura de la Historia patagónica

La expresión latina «Lusus Naturae» se puede traducir al castellano como «juego de la naturaleza». De acuerdo con los registros de Google Ngrams, esta expresión aparece en la literatura en la década de 1670, o al menos a partir de esa fecha existen registros digitalizados donde consta su uso. Se lo empleaba para describir fenómenos naturales extraños que parecían desafiar las leyes naturales conocidas, que comprendían desde malformaciones biológicas hasta fósiles insólitos o formaciones geológicas con apariencia antropomórfica o zoomórfica. Hoy en día esta expresión ha sido reemplazada por la palabra inglesa «hoax» o sus equivalentes en castellano: fraude, bulo o engaño.

Imagen generada con Chat GPT.

 

Estos caprichos de la naturaleza han despertado asombro, generado supersticiones y dado lugar a interpretaciones más bien fantásticas. En el pasado, a algunos fósiles se les atribuía una explicación mítica, como las lenguas de dragón, que resultaron ser dientes de tiburones fósiles (por ejemplo, del megalodón). Otro caso es el de los cíclopes (gigantes con un único ojo en medio de la frente) de la mitología griega, cuyo origen podría estar relacionado con los cráneos de elefantes enanos hallados en diferentes islas del Mediterráneo. Estos cráneos presentan un orificio en el centro, que corresponde a la trompa, pero que a simple vista recuerda una cuenca orbital de un cráneo de cualquier otro animal.

Vista del «cuarto de maravillas» donde se exhibía la colección de Ferdinando Cospi en Bolonia. Este tipo de salas, también llamadas «gabinetes de curiosidades», eran compactos museos privados donde se encontraban todo tipo de rarezas, incluyendo los lusus naturae que tanto atraían a los coleccionistas y buscadores. Fuente: British Museum.


Quizás este sea un buen momento para preguntarse qué tienen que ver los lusus naturae con la Patagonia. La respuesta originaria, que dio pie a esta nota (como veremos en breve, fue la punta del ovillo de algo más grande) se halla en un artículo titulado «Another Patagonian Lusus Naturae», que fue publicado en la prestigiosa revista Nature el 21 de agosto de 1926. El autor de este artículo, G.A. Gardner, relata el caso de una piedra descubierta en Tierra del Fuego que, a primera vista, parecía una escultura de una cabeza humana. La piedra presentaba rasgos faciales sorprendentes, donde se intuían barba, ojos y nariz. Incluso parecía haber sido fracturada a la altura del cuello, lo que reforzaba la ilusión de tratarse de una estatua rota. 


Fotografías publicadas por G.A.Gardner (autor residente en Buenos Aires) en el artículo de Nature del 21 de agosto de 1926. Fuente: Nature.


Tras un minucioso examen, Gardner concluyó que la pieza no era obra humana, sino una formación natural muy curiosa, a la que denominó como lusus naturae. La roca, de aproximadamente 1,75 kg, tenía una superficie grisácea y zonas de tono metálico oscuro que parecían ser un tipo de riolita alterada. Gardner advierte sobre la tendencia de atribuir significados arqueológicos apresurados a descubrimientos inusuales, y menciona el «affair de Paso Ibáñez», en Santa Cruz. Este fue un hallazgo de un tal J.G. Wolff, quien afirmaba haber encontrado restos humanos de antigüedad terciaria, es decir, millones de años antes de lo que científicamente se ha demostrado. Sin embargo, especialistas como el antropólogo José Imbelloni desmintieron el descubrimiento, demostrando que el supuesto cráneo no era más que una roca arenisca de forma caprichosa, sin ningún rasgo anatómico real. La preocupación, en estos casos, era que este tipo de noticias llegase a la prensa popular, y se tejiesen historias incomprobables en torno a ella. Como veremos en las próximas líneas, eso fue lo que sucedió, y dio para hablar durante varios meses.

El último hombre terciario de Patagonia

Sobre el tema del hombre terciario, el supuesto ancestro del hombre que vivió en la época terciaria, se ha escrito en forma abundante. En la Argentina de finales del siglo XIX, Florentino Ameghino desarrolló una teoría ambiciosa que proponía que la humanidad había surgido en Sudamérica y que sus ancestros se remontaban al período Terciario. En ese momento histórico aún se conocían muy pocos fósiles humanos, por lo que esta hipótesis tuvo cierta repercusión internacional. Para sostener esta teoría, Ameghino se basó en diferentes indicios que, según su interpretación, evidenciaban la existencia de hombres muy antiguos (recomiendo leer el libro de Matías Alinovi, «Historia universal de la infamia científica», que trata este tema, y otros muy interesantes, sobre fraudes científicos). Uno de los fósiles que usó para fundamentar su hipótesis fue el denominado «cráneo de Arrecifes», en el cual Ameghino creyó ver un fósil de un ser humano primitivo que provenía de estratos muy antiguos, lo que constituía una prueba de gran antigüedad humana en Argentina. Posteriormente este fósil fue desacreditado por su edad geológica (no se podía verificar la antigüedad real del depósito porque había sido hallado por otra persona muchos años antes) y porque las supuestas características primitivas observadas por Ameghino podían explicarse por deformaciones o errores de reconstrucción. Luego vendría el antropólogo checo Aleš Hrdlička, quien rebatió las evidencias utilizadas por Ameghino, demostrando que los restos humanos argentinos eran mucho más recientes y que no existía evidencia de hombres terciarios.


Foto del cráneo de Arrecifes, que Florentino Ameghino atribuyó erróneamente al período Terciario. Fuente: Wikipedia.


Mapa de América con las ubicaciones y dataciones de los sitios donde halló evidencia de presencia humana prehistórica. Fuente: Wikipedia.

En este contexto, con la teoría de Ameghino en retirada y el ascenso de la teoría del poblamiento americano vía el estrecho de Bering (teoría que, si bien es la que parece ajustarse mejor a las evidencias, tiene sus detractores y cuestionamientos), en la década de 1920 se dio a conocer un hallazgo en tierras santacruceñas que amenazó, por un momento, con abrir el debate otra vez. Un explorador, José G. Wolff (o Wolf, o Wolfe, depende de la fuente de la información), halló un supuesto cráneo de la época terciaria y dio a conocer la noticia en la prensa, la cual se diseminó rápidamente por el país y el mundo. El 27 de febrero de 1923, el periódico norteamericano New York Times informó acerca del hallazgo, por parte de un colono, de un supuesto cráneo humano fosilizado en Patagonia Andina. El texto del New York Times muestra un cierto entusiasmo inicial frente a este descubrimiento, que promete revolucionar lo conocido sobre la historia del género humano. Para reforzar la importancia del suceso, el periódico cita al Dr. Frank Boas, antropólogo de la universidad de Columbia (EE.UU.), quien se muestra sorprendido pero cautelosamente abierto. Reconoce que el hallazgo sería revolucionario, pero advierte que todavía debe verificarse y que hasta ese momento ningún humano del Terciario había sido aceptado por la ciencia.

 

No solo el New York Times se hizo eco del hallazgo en tierras patagónicas, sino que podemos encontrar referencias similares en periódicos como el Washington Times (28 de febrero de 1923) y otros. Fuente: Library of Congress.


Pero el artículo del New York Times no termina en el asunto del cráneo del hombre terciario, sino que va más allá. Wolff también anuncia que ha descubierto una ciudad fortificada en Santa Cruz, al norte del lago Cardiel, con muros de basalto de casi 14 metros de altura que se extienden por casi 140 metros de longitud. El explorador declara que podrían ser construcciones más antiguas que aquellas que construyeron los incas en Perú, y también dice que hay inscripciones desconocidas y arte pictórico que podría representar gliptodontes (!!!). 

La prensa regional también recogió las declaraciones de Wolff. Por ejemplo, en la edición del 11 de marzo de 1923, el semanario El Chubut, de Comodoro Rivadavia, anuncia los hallazgos del explorador en Santa Cruz bajo el título «Arqueología Patagónica». Allí se reproduce un texto similar al del New York Times, con la historia de la fortificación antiquísima, «el último vestigio de una civilización patagónica desaparecida» (sic). Allí también menciona la existencia de un cementerio en las inmediaciones del río Rabón (afluente del lago Cardiel), cuyas inscripciones parecen corresponder a las figuras de la fortificación. Dice que ese lugar es denominado por los tehuelches como «el paisaje del brujo», que las tumbas están rodeadas por semicírculos de piedras cerrados por un trazo recto y que algunas de las inscripciones que halló «se asemejan mucho a letras turcas». Finalmente, la nota cierra con la referencia al hallazgo de un cráneo fósil en la zona de Paso Ibáñez, el cual «bien puede ser el del hombre más viejo del mundo» (sic).

Página 5 del semanario El Chubut, de Comodoro Rivadavia, del 11 de marzo de 1923 (año II, Nº 104). Fuente: Archivo Histórico Municipal de Comodoro Rivadavia.


Las demoledoras notas del diario Crítica 

En la búsqueda de referencias nacionales sobre este asunto, encontré una serie de notas publicadas por el diario Crítica, de Buenos Aires, que primero toman con mucho escepticismo el hallazgo de Wolff, y luego lo destrozan, con mezcla de sorna y sarcasmo. Las notas del diario Crítica dan por sí solas para explayarse por más de un posteo, por lo que en esta ocasión voy a resumirlas en forma cronológica, destacando lo que se dijo en cada una de ellas. Se puede acceder al material completo del diario Crítica en la Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional y también en Archive.org, por lo que dejo al lector los enlaces para leer todo en forma completa y en contexto.

El 26 de febrero de 1923, el diario Crítica se refirió al anuncio hecho por Clemente Onelli unos días antes (al parecer, Onelli escribía columnas en el diario La Nación, y fue en esas páginas donde anunció el hallazgo de Wolff) y lo tomó con cierto sarcasmo. Hace una referencia a Lord Carnavon, quien menos de tres meses antes había anunciado al mundo el hallazgo de la tumba intacta del faraón Tutankhamon, diciendo que se podían reír de él porque Onelli había anunciado el hallazgo de las fortificaciones de la Ciudad de los Césares. El autor se encarga de recordar, medio al pasar, el célebre episodio del plesiosaurio patagónico, cuando Onelli organizó una expedición a la Comarca Andina en busca de dicho animal en el verano de 1922. Con tono irónico concluye que Onelli era considerado demasiado soñador, cuando en realidad muchos científicos estaban demostrando una credulidad aún mayor.


Extracto del diario Crítica del 26 de febrero de 1923 (año X, Nº 1724). La nota finaliza con el tono irónico típico del diario, diciendo que «En arqueología, como en amor, todavía no ha podido desmentirse la gran verdad formulada en aquello de "empieza siendo mentira y acaba siendo verdad"». Fuente: Archive.org.


Una semana después, el diario Crítica vuelve a la carga, con el mismo sarcasmo pero más incisivo. En la edición del 3 de marzo, en la sección Viendo Pasar, se aborda con tono crítico la polémica generada por el supuesto cráneo terciario del Dr. José G. Wolff. La nota sostiene que la prensa y parte del público se dejaron llevar por el entusiasmo antes de que el hallazgo fuera sometido a una verificación científica rigurosa. Se cita a Imbelloni, quien asegura que «el señor Wolf no sabe cómo es ese cráneo. Al señor Wolf se le ha perdido el hallazgo, lo que quiere decir que el señor Wolf no puede decir de que conformación ni de que tamaño es el mate que hubo de encontrarse en un montón de cascotes» (sic). 

Una página más adelante, otra nota pone la lupa sobre la persona de José G. Wolff. Se presenta como un «antiguo alumno de las facultades de Leipzig y Berlín» (aunque no dice si egresó de alguna de ellas), colaborador de la Universidad de Columbia, profesor de la Universidad de Toronto y empleado del Departamento de Minas del Canadá. Dice residir en Puerto Gallegos (sic) y que ha realizado innumerables excursiones por regiones remotas de la Patagonia, estudiando tanto a los pueblos indígenas como la geología y la arqueología del territorio. En la entrevista defiende con firmeza sus descubrimientos y se declara heredero intelectual de algunas de las intuiciones de Ameghino sobre la antigüedad del hombre en Sudamérica. Afirmaba haber hallado indicios del hombre terciario, además de otros restos arqueológicos y paleontológicos de gran importancia, y se queja de que muchos científicos europeos y norteamericanos desestimen de antemano los hallazgos realizados en Argentina. Para Wolff, la ciencia debía mantenerse abierta a nuevas evidencias y no quedar limitada por los prejuicios de las teorías aceptadas.


Extracto del diario Crítica del 3 de marzo de 1923 (año X, Nº 1729). La entrevista desliza que «los especialistas sugirieron la duda de que bien podía ser un juego de la naturaleza, o lo que se llama un "lusus naturae"». Fuente: Archive.org.


El cráneo fue recogido por una señora entre los terrenos areniscos de Paso Ibáñez, al borde del río Santa Cruz y que las lluvias desmoronan. Ha habido un peón que le vio con anterioridad a la poseedora y no le dio valor al hallazgo dejándolo en su sitio, que no dista muchas cuadras de la población indicada.
-Cuánto cree usted que pediría la dueña del fósil para entregarlo a la ciencia?
-Unos mil pesos bastarían. Tal vez por quinientos, hace un tiempo, lo hubiera dado y mi apuro es adquirirlo cuanto antes.

Diario Crítica del 3 de marzo de 1923.

Extracto del diario Crítica del 3 de marzo de 1923 (año X, Nº 1729). Fuente: Archive.org.


En una nota publicada por Crítica el 6 de marzo de 1923, la figura del Dr. José G. Wolff aparece envuelta en una controversia muy distinta a la de sus descubrimientos arqueológicos. En una nota, firmada con el seudónimo R. Pesimista, se presenta una dura semblanza de José G. Wolff que poco tenía que ver con la arqueología, describiéndolo como un aventurero oportunista que habría utilizado sus expediciones científicas para ganarse el favor de los grandes estancieros de Santa Cruz. La nota recuerda su presencia en la región durante las huelgas rurales de 1921-1922 y le atribuye una actitud abiertamente hostil hacia los trabajadores, llegando incluso a afirmar que aprobó la represión y las matanzas perpetradas por el Ejército. Se mencionan supuestos escritos en el diario La Unión, de Río Gallegos, y de escribir «loas y panegíricos a los salvadores de la patria» (sic). También se cita una supuesta reunión con funcionarios provinciales en las cuales habría negociado favores para obtener la ciudadanía argentina. El artículo no sugiere una participación activa en los hechos por parte de Wolff, pero sugiere que se trataba de un hombre cercano a las autoridades territoriales y a los intereses de la élite ganadera, en marcado contraste con la figura del explorador y científico que aparecía en la prensa. 

Dos días después de la publicación del artículo que lo vinculaba con los sucesos de la Patagonia Rebelde, José G. Wolff envió una carta a Crítica rechazando categóricamente las acusaciones. El explorador calificó la nota como una difamación sin nombre y procedió a desmentir punto por punto varios episodios narrados por el articulista. Negó haber participado en la supuesta reunión de autoridades de Río Gallegos, afirmó que nunca escribió en el periódico La Unión sobre las huelgas ni defendió la represión de los trabajadores, y sostuvo que jamás intervino en los conflictos entre patrones y peones. Wolff se presentó como un hombre pacífico, dedicado exclusivamente a la ciencia, y expresó su preocupación de que las acusaciones pudieran afectar su reputación entre las personas que no lo conocían personalmente.

Extractos de las ediciones del diario Crítica del 6 y 8 de marzo de 1923.

Finalmente, el 4 de mayo de 1923 el diario Crítica publica la nota que marca el desenlace definitivo del episodio del cráneo terciario, y lo hace, como de costumbre, con un tono totalmente satírico. En la nota se informa que el objeto fue finalmente examinado por una comisión de especialistas, entre los que se hallaban, entre otros, el paleontólogo Santiago Roth, el antropólogo Robert Lehmann-Nitsche, el antropólogo Imbelloni y el naturalista Clemente Onelli, quienes concluyeron de manera unánime que no se trataba de un fósil humano, sino simplemente de una piedra cuya forma recordaba vagamente a un cráneo. La crónica se burla del entusiasmo que había despertado el hallazgo, afirmando irónicamente que «los sabios reconocen la existencia de un nuevo adoquín», y describe con humor cómo el dueño de la piedra vio desvanecerse la fortuna que esperaba obtener por ella. Incluso narra que el supuesto cráneo fue golpeado con un martillo para comprobar su naturaleza pétrea, disipando cualquier duda sobre su origen.
 
Extracto del diario Crítica del 3 de marzo de 1923 (año X, Nº 1729). La nota está llena de críticas muy ácidas dirigidas a Wolff, Onelli y a todos los que de alguna manera sostuvieron la postura a favor del hombre terciario. Fuente: Archive.org.


Más allá del tono, el artículo critica el sensacionalismo científico y periodístico que rodeó el caso. El autor de la nota evidencia que durante semanas se habló de un hombre del Terciario capaz de revolucionar la historia de la humanidad, cuando en realidad el objeto nunca había sido sometido a una evaluación rigurosa. Igualmente, antes del desenlace del asunto, el diario Crítica, que nunca se había tomado muy en serio el asunto, ya había publicado notas de corte humorístico/sarcástico sobre el asunto, como las aparecidas los días 10 de marzo y 10 de abril de 1923.

Extracto del diario Crítica del 10 de marzo de 1923 (año X, Nº 1736), donde aparece la nota satírica «Moral y costumbres del hombre terciario». Fuente: Archive.org.


¿Y qué pasó con la ciudad de las murallas cercana al lago Cardiel?

Llegados a este punto, el lector podrá imaginarse que la supuesta ciudad preincaica que Wolff dijo hallar en la zona del lago Cardiel era tan imaginaria como el cráneo de Paso Ibáñez. Sobre este asunto, voy a remitirme a un artículo científico relacionado con la Marshall Field Paleontological Expedition to Patagonia (1922-1924). Esta expedición fue organizada por el Museo de Historia Natural de Chicago, y estaba compuesta por científicos de renombre de aquel entonces, como Elmer S. Riggs, George F. Sternberg, John B. Abbott, y otros. En el artículo «Adventures in Patagonia», publicado en el boletín del museo en enero de 1978, se resume el trabajo realizado por la expedición, y se menciona tanto el caso del cráneo de Paso Ibáñez como la «Ciudad Encantada» del lago Cardiel. Extraigo unos párrafos del texto que son muy claros respecto a lo que hallaron al buscar las ruinas de la ciudad.
 
Poco después de la llegada de Riggs a Río Gallegos, un tal J. G. Wolfe se presentó y ofreció sus servicios a la expedición. Wolfe afirmaba haber sido conservador de museo en Río Gallegos y haber ostentado un cargo en el ejército argentino. Sin embargo, lo que despertó el interés de Riggs —más que sus credenciales— fue la descripción que Wolfe hizo de un «cráneo humano del Terciario» y de una «ciudad encantada». Riggs decidió investigar estas curiosidades, aunque con reservas.
Partieron hacia El Paso de Santa Cruz, el asentamiento donde al parecer se había hallado el cráneo. El dueño de una posada local recordaba que el cráneo había llamado la atención por primera vez hacia 1916 y que había sido descubierto en la traza de un camino cerca del pueblo. Se decía que la primera persona en sospechar que podría tener valor científico fue una enfermera inglesa, la señora Vendrino, quien había trabajado en la zona durante algunos años. Ella obtuvo la custodia del cráneo, y este se encontraba en su poder cuando Wolfe lo había examinado anteriormente.
En El Paso de Santa Cruz, Riggs —quien desconfiaba cada vez más del supuesto cráneo— se enteró de que la señora Vendrino había «enloquecido» recientemente y había sido trasladada a Buenos Aires para recibir tratamiento. Se había llevado consigo su preciado cráneo de 22 libras a modo de trofeo. Finalmente, Riggs logró localizar el «cráneo» y sus sospechas se confirmaron: se trataba simplemente de una piedra muy curiosa, con una notable forma humanoide.
Este parte del relato es muy interesante, ya que Wolff (o Wolfe, como lo registra el artículo), no solo buscó a Onelli y la prensa nacional, sino que también trajo la atención de científicos extranjeros que estaban haciendo campañas paleontológicas en el país. Es muy interesante la referencia al supuesto hallazgo original, de 1916, de la enfermera Vendrino, y de que el cráneo se hallaba en Buenos Aires. Seguramente eso debió ocurrir en abril o mayo de 1923, cuando el cráneo viajó a Buenos Aires y fue sometido a escrutinio allí, tal como lo publicó el diario Crítica.

Desde El Paso, la expedición de Riggs se dirigió 175 millas hacia el noroeste, hacia el lago Cardiel, en busca de la «ciudad encantada» de Wolfe. Una vez allí, Riggs sufrió una nueva decepción, pues la «ciudad» resultó no ser más que una intrusión de lava —o un dique, según la terminología geológica—. La «ciudad» ocupaba una fisura en las arcillas circundantes y había quedado al descubierto debido a la erosión. Los habitantes de la zona no veían nada inusual en ella, ya que en los alrededores existían otras formaciones similares.
Aquí vemos la segunda decepción de los investigadores norteamericanos, que visitan la supuesta ciudad de Wolff para encontrarse con una estructura de lava con formas curiosas.
 
En las cercanías del lago Cardiel se hallan formaciones rocosas como ésta, que recuerdan a antiguas fortalezas medievales enclavadas en cerros con laderas escarpadas y angulosas. Fuente: Google Maps.

Quizás por ingenuidad, por un optimismo inagotable o posiblemente por haber sido víctima de una especie de maniobra de persuasión, Riggs se sintió intrigado por el relato de Wolfe sobre un «antiguo cementerio» de mamíferos fósiles. Siguieron una ruta tortuosa hasta el campamento de un coleccionista aficionado de fósiles, un hombre que había trabajado con el paleontólogo Carlos Ameghino unos 25 años atrás. Durante la segunda noche de viaje, el grupo se dio cuenta de que habían trazado casi un círculo y se encontraban a solo seis millas de su punto de partida. La búsqueda del antiguo «cementerio» de fósiles se abandonó de inmediato y Riggs llegó a las siguientes conclusiones tardías sobre Wolfe:
"No muestra indicios de formación científica y carece especialmente de la capacidad para reconocer e interpretar objetos naturales y extraer datos de ellos. Su método... ha consistido en adoptar teorías a partir de lecturas y luego buscar algún objeto que encaje en ellas... El Dr. Wolfe nos ha dado la impresión de ser un entusiasta con afán de viajar y sin otro propósito que satisfacerlo. Estudió derecho..., pero consideró que esa profesión era demasiado monótona y carente de interés para su gusto. Al parecer... escribía historias extravagantes con el fin de venderlas. Según afirma, ya es objeto de críticas por parte de un destacado científico de Buenos Aires". Cuando la expedición regresó a Río Gallegos, Wolfe fue despedido.
 
Esta última parte es lapidaria. El científico estadounidense quiso creerle a Wolff  hasta el final, y la decepción fue mayúscula. Riggs cuestiona la supuesta formación científica de Wolff, de quien, por otra parte, me ha sido imposible hallar referencias por fuera del asunto del cráneo terciario. La historia termina con Wolff despedido, sin haber podido demostrar ninguna de sus atrevidas hipótesis que, de haber sido parcialmente ciertas, hubieran reescrito la historia, no solo americana, sino mundial.
 

Años después y en un lugar muy, muy lejano 

El asunto del cráneo de Paso Ibáñez siguió rebotando en la prensa durante un tiempo. No hice un relevamiento exhaustivo del tema en todos los repositorios, pero me encontré con este artículo, del Freeman's Journal de Nueva Zelanda, del 24 de febrero de 1927, donde se hace una crítica al sensacionalismo científico bajo el título de «When a skull is not a skull» (Cuando un cráneo no es un cráneo). Allí se resume brevemente el caso y se menciona la figura de Aleš Hrdlička, quien, en una reunión científica de 1926, revisó varios hallazgos famosos de fósiles del hombre terciario que habían tenido enorme publicidad. Entre ellos se resumen:

- El cráneo patagónico hallado por Wolff: una roca natural con forma curiosa.
- El Segundo Hombre de Java: una rodilla fósil de elefante.
- El supuesto segundo ejemplar de Pithecanthropus.
- El Hombre de Colorado: Reconstruido a partir de dientes que pertenecían a un caballo del eoceno.
- El Hombre de Montana: no era humano.
- El Hombre de Sonora: el supuesto cráneo resultó ser un molde de yeso.

La nota presenta todos estos casos como ejemplos de falsas alarmas científicas, ridiculizando la facilidad con la que algunos investigadores veían restos humanos donde no los había. Se insiste en la postura del escepticismo, se critica al periodismo científico y se hace una defensa de la revisión experta antes de anunciar descubrimientos extraordinarios.


Palabras finales 

Cuando leí por primera vez el artículo de Nature de 1926 me dio curiosidad el asunto. Aprendí el término Lusus Naturae, que nunca había oído antes (que pensé que era lo mismo que un Oopart, out of place artifact, pero es sutilmente diferente), y me trajo cierta reminiscencia a algo que había leído hace tiempo sobre una pieza tallada en piedra, denominada como la Dama de Comodoro Rivadavia, que fue supuestamente robada del Museo Regional de la Ciudad de Comodoro Rivadavia y que algunos atribuyen un origen templario. También podría mencionarse el caso de la Puerta Templaria de Telsen, otro caso muy curioso de lusus naturae. Pero cuando conocí el caso del cráneo de Paso Ibáñez y empecé a leer notas periodísticas, llegando a la cobertura del diario Crítica, pues la nota se convirtió en otra cosa, totalmente diferente a la que había pensado al principio.

Sumergirse en las páginas de diarios de hace un siglo es viajar a una época donde la ciencia experimentaba un crecimiento vertiginoso y dejaba atrás las creencias y supersticiones del siglo XIX. Aún así, había temas y lugares que se resistían a dejar el pasado atrás, y se aferraban a los viejos conceptos. En ese entonces, la Patagonia aún era vista como un territorio capaz de ocultar civilizaciones perdidas y evidencias de una humanidad más antigua de lo aceptado hasta el momento. Notas sensacionalistas, exceso de optimismo y la especulación sin límites abundaban en las páginas de los periódicos y revistas de entonces.

Visto en perspectiva, el supuesto cráneo hallado por Wolff representa el episodio final de la era ameghiniana, que proponía que los orígenes más remotos de la humanidad debían buscarse en las pampas y la Patagonia, y por ello constituye un caso paradigmático de lusus naturae. ¿Qué hubiese pasado si se hubiese encontrado al hombre del Terciario? Bueno, en ese caso se debería haber reescrito la historia de la evolución humana, y América hubiese sido el origen de la Humanidad. Pero las cosas, como ya sabemos, no fueron por ese lado, y todo apunta a que la Humanidad proviene de África, y que hizo su aparición durante la época cuaternaria. 

Para el final, solo quiero resaltar tres cuestiones más:

1) La importancia del pensamiento crítico, el sano escepticismo (no dogmático) y la verificación científica rigurosa frente a las interpretaciones apresuradas. Como decía Carl Sagan, «afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias».
 
2) Tengo que aprender a acotar la longitud de mis notas. Lo que nació como una breve nota de tres párrafos se convirtió en este pergamino extenso de muchos párrafos.
 
3) Casi me olvido, pero esta nota es la Nº 450 del blog, y en pocos días se cumplen 16 años del primer posteo, así que podríamos decir que Bahía Sin Fondo está de cumpleaños, tanto por la cantidad de posteos como por el tiempo que lleva en línea.
 
Ahora sí, me despido y les agradezco, como de costumbre, por seguir leyendo. Hasta la próxima.


Enlaces adicionales:

Comparto algunos enlaces adicionales sobre los lusus naturae y los descubrimientos de Wolff. 

https://scispace.com/pdf/lusus-naturae-folklore-and-display-in-the-nineteenth-century-pxa07jneee.pdf

https://patagoniamonsters.blogspot.com/2011/11/dr-wolff-and-tertiary-skull.html

https://patagoniamonsters.blogspot.com/2014/03/the-enchanted-city-of-patagonia.html

https://catalog.hathitrust.org/Record/008913463

 

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