Al comenzar esta nota, no resistí la tentación de parafrasear el título de uno de los libros de la saga de las Crónicas de Narnia, «El león, la bruja y el ropero», de C.S. Lewis. En este caso, los tres sustantivos del título se refieren a una misma persona, que encarnaba los tres roles en su propia biografía. La Historia, con «H» mayúscula, suele presentar giros argumentales («plot twist» le dicen ahora) con insospechadas ramificaciones. Esta pequeña historia que hoy les traigo la descubrí, como no, de casualidad, y me pareció que merecía unas líneas en este blog.
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| Imagen generada con Chat GPT |
El conde que saqueaba tumbas
A finales del siglo XIX el Ministerio de Educación de la Tercera República Francesa le encargó al conde Henry de La Vaulx la búsqueda de restos óseos en la Patagonia, con el fin de dilucidar si los gigantes patagones que describían las crónicas de los siglos anteriores eran verdaderos o míticos. Henry de La Vaulx descendía de una familia aristocrática de los ducados de Bar, una región al sur de Luxemburgo, hoy en día parte de la región de Lorena. El viaje se realizó entre 1896 y 1897, y abarcó desde el Río Negro hasta Tierra del Fuego. Como resultado de esta expedición, el conde consiguió cerca de mil trescientos objetos arqueológicos y etnográficos, además de fotografías, y volcó parte de su experiencia en un libro publicado en 1900, «Voyage en Patagonie», además de exponer sus hallazgos en las principales sociedades científicas de la época.
Lo que también trajo el conde La Vaulx en su equipaje de vuelta fue una colección de especímenes zoológicos, una docena de esqueletos y un centenar de cráneos humanos. El problema es que estos últimos no fueron obtenidos a través de intercambios justos y pacíficos, sino mediante profanaciones y saqueos de sepulturas. Quizás su «hazaña» más recordada en la historia regional sea la profanación del chenque del cacique tehuelche Liempichún Sakamata en la zona de Río Senguerr. Según cuenta el mismo La Vaulx en su libro:
“Examino el cadáver. Lo mido, tiene un metro noventa y ocho. [ ...] No puedo llevarlo a mi carpa, los Indios me despedazarían. Tomo entonces una decisión heroica, y, tomando mi cuchillo, me pongo a desmenuzar el gigante. Soy muy inexperimentado en anatomía ; entonces paso un tiempo infinito en este trabajo de descuartizamiento. [ ...] En un momento me doy horror. He leído hace tiempo la historia del sargento Bertrand, el desenterrador de cadáveres, y me parece que yo soy en este momento el Bertrand de la Pampa. Pero esas son locuras ; tengo una excusa, ¡qué diablos! Yo traeré a Francia un bello espécimen de la raza india. Qué importa después de todo que este Tehuelche duerma en Patagonia en un hoyo o en el Museo en una vitrina. [ ...] En una gran marmita de campamento llena de agua hirviendo [ ...] meto los miembros del gigante a los que todavía están adheridas las carnes en putrefacción. Como la marmita es demasiado chica, no puedo cocinar más que un pedazo por vez. [ ...] ¡Ah! No les aconsejo a los señores asesinos hervir una cabeza en una marmita para borrar las huellas de su crimen. Serán infaliblemente traicionados por el olor de ese cocido macabro y la policía los habrá descubierto antes que hayan rematado su trabajo. [ ...] Arrojo el agua que ha servido para la cocción [ ...]me echo en la cama agotado, molido y me adormezco, con, de alguna manera, un remordimiento en el fondo del alma. ¡No se despedaza un hombre sin experimentar cierta emoción!”.
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| El dibujo corresponde al libro de La Vaulx, e ilustra una escena de su viaje por la zona de Colhue Huapi, en uno de los tantos chenques que abrió para extraer su contenido. Fuente: Fuego Sagrado. |
El conde que volaba aviones
Ya entrado el siglo XX, la pasión por surcar los cielos llevó a este aristócrata francés a convertirse en una figura de la aeronáutica mundial. En el año 1900 las carreras de globos se estaban convirtiendo en un deporte de moda, llegando a ser parte de los Juegos Olímpicos de París que se realizaron ese año (los cuales, a su vez, estaban comprendidos dentro del programa más amplio de la Exposición Universal). Henry de La Vaulx logró su consagración deportiva al finalizar una carrera de distancia con salida en París junto a su compañero Georges de Castillon de Saint-Victor. Aterrizaron su globo el 10 de octubre en Korostyshiv, cerca de Kiev, tras haber pulverizado marcas anteriores al recorrer 1925 kilómetros en 35 horas y 45 minutos de vuelo ininterrumpido.
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| Mapa que muestra las posiciones finales de la carrera de distancia con globos en las Olimpíadas de 1900, donde La Vaulx logró una impresionante marca, llegando hasta las inmediaciones de Kiev. Fuente: Wikipedia. |
Su espíritu inquieto no se detuvo en los globos aerostáticos. También intentó incursionar en el diseño y la construcción de aparatos más pesados que el aire junto al célebre ingeniero Victor Tatin, aunque la aeronave lamentablemente resultó destruida durante su primer vuelo de prueba en Saint-Cyr-l'École. Henry de La Vaulx tuvo una visión organizativa que se tradujo en instituciones perdurables, siendo cofundador del prestigioso Aéro-Club de France y, el 14 de octubre de 1905, participando de la fundación de la Fédération Aéronautique Internationale (FAI). Fue presidente de esta última organización hasta el día de su muerte.
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| Fotografía fechada el 6 de junio de 1910 donde se ve el aeroplano diseñado por Víctor Tatin y Henry de La Vaulx, que terminaría destruido en su primer vuelo. Fuente: Wikimedia Commons. |
El conde que saqueaba tumbas y quería volar por la Patagonia
Una circunstancia curiosa de la vida de Henry de La Vaulx es que, después de haber recorrido la Patagonia, con fines científicos y métodos reprobables, y de haberse dedicado a la naciente aeronáutica desde comienzos del siglo XX, un buen día decidió volver a la Patagonia y apoyar la creación de una empresa. De acuerdo a lo reportado en la prensa local de aquel entonces, el martes 26 de febrero de 1929, cerca del mediodía, el conde La Vaulx arribó a Trelew en un avión de la Compañía Latecoere. El avión era piloteado por Paul Vachet, otro pionero de la aviación de origen francés, y provenía de Bahía Blanca. Ambos fueron agasajados en el hotel Touring Club de Trelew y continuaron su vuelo hasta Comodoro Rivadavia, partiendo a las 14:20 o 14:40 (depende de la fuente). El jueves 28 de febrero volvieron desde Comodoro Rivadavia, haciendo escala nuevamente en Trelew (esta vez fueron agasajados en la chacra del señor Eduardo Williams) y siguieron viaje hasta Bahía Blanca.
De acuerdo a los recortes de prensa, La Vaulx manifestó su asombro ante el progreso demográfico local y mantuvo encuentros directos con la intendencia para instar a la rápida habilitación de la pista de aterrizaje, asegurando la inminente puesta en marcha de un servicio regular para pasajeros y correspondencia que reduciría los viajes a la Capital Federal a solo 24 horas. Se hablaba de emplear aparatos con capacidad de 8 a 10 personas, con un costo de 300 pesos por persona para el tramo Comodoro Rivadavia - Bahía Blanca, lugar donde harían la combinación con el sistema ferroviario, para luego acceder a la Capital Federal.
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| Recortes de diarios de la región que reflejan la llegada del conde de La Vaulx.Las fuentes consultadas fueron los semanarios El Pueblo, de Trelew (22 de febrero de 1929, Año XII, Nº618), El Avisador Comercial, también de Trelew (2 de marzo de 1929, Año XX, Nº1086) y Golfo Nuevo, de Puerto Madryn (sábado 2 de marzo de 1929, año XV, Nº746). La fuente del semanario Golfo Nuevo es la Biblioteca Pública Municipal D. F. Sarmiento y el collage fue realizado con Pixlr. |
Un accidente fatal y el origen de la Aeroposta
Henry de La Vaulx falleció el 18 de abril de 1930, a los 60 años, en un accidente aéreo ocurrido en las cercanías de Newark, Nueva Jersey. En medio de una densa niebla, el avión en el que viajaba impactó contra una líneas eléctricas durante la maniobra de aproximación final. Días antes de aquel trágico desenlace, el conde había mantenido una conversación con un periodista a quien le confió que la buena suerte lo había acompañado siempre a lo largo de su extensa carrera aeronáutica. Acto seguido, y con una sonrisa, se dirigió hacia la cama de su habitación para tocar madera como gesto de buen augurio. Sin embargo, al realizar el ademán supersticioso, se cercioró de que el mueble era de metal pintado de color madera y, de inmediato, observó secamente: «Hace un sonido nefasto».
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| Así publicó la noticia del accidente el Washington Daily News el día 19 de abril de 1930. En la foto se ven los restos calcinados del infortunado avión de La Vaulx. Fuente: Chronicling America. |
Seis meses antes de aquel fatal destino, y a miles de kilómetros de distancia, la historia de la aviación comercial en la región patagónica comenzaba a escribirse con la puesta en marcha de la Aeroposta. El 1º de noviembre de 1929 se inauguró formalmente la línea aérea que unía Buenos Aires con Comodoro Rivadavia, con escalas intermedias en San Antonio Oeste y Trelew. Si bien el vuelo inaugural propiamente dicho fue realizado por Antoine de Saint-Exupéry a bordo del Latécoère 25 matrícula F-AIQL, transportando a periodistas de la provincia de Buenos Aires, el vuelo de inauguración oficial estuvo al mando de Jean Mermoz. Mermoz, acompañado por el piloto Ricardo Gross, partió en las primeras horas de la mañana desde el aeródromo de General Pacheco a bordo de un Latécoère 28, trasladando al capitán Almonacid, director de la Aeroposta Argentina, junto a diversas autoridades y periodistas.
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| Recorte del semanario El Pueblo, de noviembre de 1929, anunciando la llegada del primer avión de la Aeroposta. Fuente: Archivo Histórico de Trelew. |
Palabras finales
Muchas de las notas que he escrito en el blog representaron un aprendizaje para mí, ya que surgieron de haber encontrado cierta información que desconocía, y que, al ampliar la búsqueda y conformar una historia completa (o casi), sentí que podían tener su lugar en la web. Esta nota no es una excepción, ya que conocía la historia de La Vaulx recorriendo la Patagonia y saqueando tumbas, pero no tenía ni idea de que era un pionero de la aviación internacional y, menos aún, que había vuelto a la Patagonia para promocionar e impulsar la creación de una línea aérea que permitiese conectar a la población con Buenos Aires. Una curiosa vuelta de tuerca para este personaje, cuyos métodos y moral son cuestionables, pero que tenían una visión de futuro bastante avanzada (y que en lo personal veo como contradictoria con su proceder en sus investigaciones). El conde Henry de la Vaulx, en su carácter de presidente de la Federación Aeronáutica Internacional, en cierta manera, simbolizó la materialización de una ansiada ruta de comunicación capaz de superar los aislamientos geográficos de la región. ¿Una cosa tapa la otra? No, para nada, ni un poquito. Simplemente representan las contradicciones en la vida de un aventurero que decidió transgredir los límites, en el sentido más amplio de la palabra. En cuanto a la Aeroposta en sí misma, pues es un tema en el que deberé profundizar en el futuro, ya que hay mucho material y mucha historia para contar. Por ahora creo que es suficiente, así que me despido hasta la próxima, y les dejo alguno enlaces adicionales más abajo.
Información adicional
En el curso de la búsqueda de información y redacción de la nota, fui hallado numerosas referencias al conde La Vaulx que están relacionadas de manera más o menos indirecta con la temática de la nota. El espíritu de la nota es mostrar un semblante de la relación entre este personaje y la Patagonia, pero claramente su vida excede a esto, y no quiero derivar excesivamente en ese sentido. Por ello, dejo a continuación algunos de estos enlaces relativos a la visita de La Vaulx a la Argentina, sus proyectos de viaje por el globo y los homenajes posteriores a su muerte, entre otras cosas.
Homenaje póstumo a La Vaulx (abril y junio de 1930)
https://archive.org/details/BNA_S001181802_19300613N06078/mode/2up
https://archive.org/details/BNA_S001181802_19300612N06077/mode/2up
https://archive.org/details/BNA_S001181802_19300424N06029/mode/2up
Una gira de 3 meses por América (enero y febrero de 1930)
https://archive.org/details/BNA_S001181802_19300208N05954/mode/2up
https://archive.org/details/BNA_S001181802_19300122N05937/mode/2up
Yrigoyen no recibe a La Vaulx en su visita a Argentina (marzo de 1929)
https://archive.org/details/BNA_S001181802_19290321N05631/mode/2up
Agasajo a La Vaulx por su paso por Argentina (febrero de 1929)
https://archive.org/details/BNA_S001181802_19290208N05590/mode/2up
Recuerdos de la Patagonia (enero y febrero de 1929)
https://archive.org/details/BNA_S001181802_19290207N05589/mode/2up
https://archive.org/details/BNA_S001181802_19290106N05557/mode/2up







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