Nihil novum sub sole (nada nuevo bajo el Sol)

Decidí abrir esta nota con la expresión latina «Nihil novum sub sole», Nada nuevo bajo el Sol, que aparece en el Libro del Eclesiastés (Antiguo Testamento), porque resume de manera muy clara lo que voy a contar. Me refiero a la  la persistencia de ciertos discursos, especialmente cuando hablamos de disrupciones tecnológicas. Todo comenzó hace unos pocos días, cuando escuché el podcast de los divulgadores Santiago Bilinkis y Jon Hernández, titulado «Tu forma de usar la IA ya quedó atrás». En este podcast, se habla sobre el mal uso que se hace de la inteligencia artificial, sobre la posibilidad (o no) de subirse a este tren tecnológico que acelera cada vez más, y en las problemáticas que se plantean en torno a la educación y el mercado laboral. La pregunta que queda flotando al finalizar el podcast no es si la inteligencia artificial cambiará el mundo, sino qué lugar vamos a ocupar nosotros cuando eso ocurra.

Este podcast me llevó a revisitar unos artículos sueltos que tenía guardados en mi archivo, y que en cierta manera se conectan con esta pregunta. Así que me dejo de preámbulos y, para empezar, y los invito a subir a la máquina del tiempo y a viajar al siglo pasado, a una época oscura donde el mundo se lanzaba a una guerra de proporciones nunca vistas.

Imagen ilustrativa generada con Chat GPT.

Junio de 1940

Mientras Europa se derrumba ante la Blitzkrieg alemana, en un modesto semanario de Trelew se publican unas líneas, firmadas por Constancio C. Vigil, que hablan de un fenómeno que se considera novedoso: la velocidad con que viajan las noticias. La radio de aquel entonces transmite noticias prácticamente en tiempo real y los diarios ya no pueden esperar varios días para informar. Por primera vez, la velocidad de circulación de la información empieza a ser una experiencia cotidiana. A los ojos de nuestro presente, en 2026, el artículo produce una sensación extraña de familiaridad, porque parece escrito para nuestro tiempo. Por ejemplo, la frase «Mantener firme la cabeza en medio del torbellino de tantos comentarios y noticias es ya una hazaña mental» suena tan actual que si no fuera porque lo leí de un diario de hace 86 años diría que lo sacaron de un posteo de Instagram o un tuit de Twitter. Si cambiamos la radio por Internet y el telégrafo por las redes sociales, el texto sigue funcionando casi sin modificaciones. Podríamos decir que la preocupación es más que técnica, es más bien cultural, es la sensación de que todo ocurre demasiado rápido.

Semanario El Pueblo, de Trelew, correspondiente al viernes 14 de junio de 1940 (año XXIV, Nº 1304). Fuente: Archivo Histórico de Trelew.


La vida Moderna
La complejidad de la existencia es cada día mayor. Cada vez es más difícil abarcar la actualidad, formar una  opinión cabal sobre un hecho. Nos enteramos, de inmediato, de cuanto ocurre en el país y el mundo. Los acontecimientos desfilan ante nosotros vertiginosamente, como las imágenes del cine, las ideas más diversas solicitan nuestra atención a cada momento; el acicateado cada día por los anhelos, las esperanzas y las marguras de todas las razas y de todos los pueblos. Mantener firme la cabeza en medio del torbellino de tantos comentarios y noticias es ya una hazaña mental. Pocos se detienen a meditar ante un suceso, reforma o problema. El tiempo apenas alcanza para recoger ideas, datos, impresiones. Hay en la especie como un intervalo de perplejidad, hasta tanto se adapte a sus propios progresos.
Constancio C. Vigil.

Agosto de 1988

Ahora la máquina del tiempo nos lleva al final de la década del '80, cuando se empezaba a extinguir la inocencia de los tiempos previos a Internet y las redes celulares. En menos de una década, el mundo entraría en la era de la Web, los correos electrónicos, los foros, los SMS y la ubicuidad (lo cual sería solo el punto de partida para lo que luego vino en el nuevo milenio). Fue en ese momento cuando el escritor Isaac Asimov imaginó otro futuro tecnológico. Para él, las máquinas liberarían a las personas del trabajo repetitivo y permitirían dedicar más tiempo al conocimiento, al arte y a aquello que cada uno realmente deseara hacer. Cincuenta años después de aquella nota en un periódico regional, Asimov habla desde otra perspectiva. No considera que la velocidad sea un problema, ni tampoco teme a la automatización, sino que la celebra con el optimismo de alguien que había visto cómo la tecnología había aumentado la productividad durante todo el siglo XX. Su pregunta no era si la tecnología nos iba a quitar el trabajo, sino «¿qué vamos a hacer con el tiempo libre?». Asimov imagina un futuro donde las máquinas, en el sentido más amplio de la palabra, se encargarían de todas las tareas mecánicas y rutinarias que todavía hoy ocupan a los seres humanos, lo que permitiría que esos mismos humanos se dediquen a estudiar y desarrollar cualquier cosa que se les ocurra. Bajo el lema «Lo que usted desee», se podría estudiar ingeniería de fusión, minería lunar, computación o cosas aparentemente menos útiles, pero también atractivas, como la filatelia, la cerámica, la pintura ornamental, la cocina, el teatro, etc., etc. Según sus propias palabras:

Así pues, en un mundo bien automatizado y cultivado, puede ser que las máquinas resulten ser la verdadera influencia humanizadora. Cabe que las máquinas realicen el trabajo que mantiene en marcha la vida y que los seres humanos se ocupen de todas las demás actividades que hacen la vida agradable y digna de vivirse. 

Nota de opinión de Isaac Asimov, aparecida en la revista Muy Interesante, Nº 34, de agosto de 1988.

Agosto de 2026

Entre los dos textos previos hay casi medio siglo de distancia, y entre ellos y el video de Youtube que mencioné al comienzo, casi otro medio siglo más. La pregunta que queda flotando no es tanto quién tuvo razón, sino por qué seguimos imaginando el futuro de maneras tan parecidas. Tanto la nota del semanario como el artículo de Asimov acertaron y erraron en partes parecidas. La nota de Constancio Vigil acertó en que la velocidad de la información iba a modificar todos los aspectos de nuestra vida cotidiana, pero seguramente no pudo imaginar hasta que punto iba a hacerlo (piensen nomás en Internet y las redes sociales). Por otra parte, Isaac Asimov acertó en que habría máquinas capaces de realizar enormes cantidades de trabajo intelectual, pero falló (como muchos otros que imaginaron el futuro) en la forma que impactarían en la cuestión económica. En lugar de que la automatización suponga menos trabajo y más tiempo libre, la realidad fue que se aumentó al productividad pero con una desigual distribución de los beneficios y una intensificación laboral en muchos sectores, por lo que la sociedad del ocio no apareció (al menos en los términos que él planteó).


Palabras finales

La historia demuestra que las sociedades rara vez se equivocan al decir que una nueva tecnología cambiará el mundo. Lo que casi siempre hacen mal es imaginar cómo lo cambiará. Esto ocurre, creo, porque no es tan difícil predecir la tecnología, lo que es difícil de predecir son las sociedades y las personas que la componen. Las máquinas cambian según leyes de la ingeniería; las sociedades, en cambio, responden a decisiones políticas, intereses económicos y comportamientos culturales. Por eso las tecnologías suelen parecer inevitables, mientras que sus consecuencias rara vez lo son.

Para cerrar, quiero mencionar un último detalle curioso. El ignoto ciudadano que leyó esa nota en el semanario El Pueblo, sentado quizás en un café o detrás de un mostrador, el lector de la nota de Asimov, quizás un adolescente (como fue mi caso) que compraba la Muy Interesante cuando podía, y el cibernauta que escuchó el podcast de Youtube, comparten preocupaciones y opiniones que casi son atemporales. A mí, que escribo estas líneas, me genera cierta perplejidad que debates que parecen exclusivos de la inteligencia artificial ya estaban presentes, con otros nombres y otras máquinas, hace cuarenta u ochenta años. Creo que da para pensarlo un rato... y si es con una picada y una cerveza fría, mucho mejor.

Hasta la próxima, gracias por leer y por compartir.


Nota: Este artículo fue escrito con la colaboración de Chat GPT. Luego de ver el video y recordar estas dos notas, que tenía guardadas en algún lugar de mi computadora, decidí emplear la asistencia de este algoritmo para agilizar la redacción, que en un principio me había quedado casi telegráfica. Igualmente, me parece una interesante vuelta de tuerca, porque los modelos de lenguaje forman parte de los debates a los que hago mención.

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