viernes, 29 de octubre de 2010

Un vistazo furtivo a Bahía Bustamante (y una deuda pendiente)

Siempre me he sentido patagónico, y en particular, chubutense. Si bien las vueltas de la vida, los desafíos, la carrera, y otras cosas, me han llevado a vivir en otro lado, no me pierdo ninguna oportunidad de volver cuando ésta surge. Puerto Madryn es mi Patria chica y Chubut mi tierra, dentro de esa otra tierra más grande que es la Argentina. A pesar de eso soy un pobre conocedor de mi provincia. Una larga lista de lugares, parajes, y pueblos aún figuran en mi lista de pendientes, y el mismo Puerto Madryn me muestra alguna arista desconocida en cada visita. Eso no es tan malo como parece, más bien podría decir que es bueno, significa que en cada viaje puedo develar una parte más de aquel enorme mosaico que es la Patagonia.

A la Patagonia en general, a Chubut en particular, aprendí a quererla desde muy chico, a través de mi familia, de la escuela, de los viajes a diferentes lugares de su geografía. Muchos lugares los recorrí primero con la mente, a través de los relatos de mis padres y abuelos. Así conocí ese Madryn antiguo, olvidado, que ya no existe; visité Paso de Indios y Telsen, que hoy en día siguen casi tan solitarias y detenidas en el tiempo como en aquel entonces; recorrí playas y parajes poco transitados. Así fue como, a través de mi padre, conocí un lugar que desde entonces ha sido un sinónimo de una parte de su vida, y una deuda (insoportable e inentendiblemente) pendiente: Bahía Bustamante. Mi padre trabajó en su juventud en la recolección de algas en Bahía Bustamante, para la empresa Algasur, en la década del sesenta. Solía contar una cantidad de anécdotas sobre esa etapa de su vida, la mayoría de las cuales lamento haber olvidado. Cuando tuve la oportunidad de conocer el lugar con él, para aprender la historia de primera mano, no lo aproveché. Luego, cuando quise ir, ya no contaba con mi padre. Por eso postergué por tiempo indefinido esa visita. A pesar de estar a poca distancia de Puerto Madryn, menos de trescientos kilómetros, aún no me dediqué el tiempo para ir a Bahía Bustamante, pero en cada viaje al sur me digo a mi mismo: "quizás pueda ir a Bahía Bustamante". En fin, cuando lo haga, tengan por seguro que verán las fotos por este medio.


Toda esta reflexión previa surge de unas fotos que encontré por la web, que removieron esa nostalgia. Las fotos pertenecen a la revista Lugares de Viaje, y pueden verlas aquí mismo. También pueden entrar en la web del pueblo, www.bahiabustamante.com, en donde se puede aprender algo de la historia del lugar, su fundación por parte de un inmigrante español que vio el negocio en la recolección de las algas, y las diferentes opciones del lugar, que incluyen un bosque petrificado a unos treinta kilómetros, avistaje de fauna, y por supuesto playa. Agreste y solitaria, playa natural, apenas hollada por el pie humano.

Bueno, creo que eso es todo por ahora. Ya volveré con más temas de la Patagonia, que sigo acumulando en la mochila electrónica en que se ha convertido mi PC de escritorio. Hasta la próxima.

5 comentarios:

  1. Excelente historia.
    A cumplir los sueños imposibles!!
    Un abrazo Patrick!

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  2. Muy buenas las fotos de Bahía Bustamante, en Enero intentaré conocer el lugar.
    Muy bueno el blog, felicitaciones
    Carlos Santos

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  3. Muchas gracias Carlos, espero que te guste. Cuando tenga algo más de información sobre Bustamante, la publicaré.
    Saludos

    Patricio Donato

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  4. Recuerdo algun relato de tu autoría que, si bien no hablaba de este lugar, mencionaba ese nudo en la garganta, esas ganas de volver solo para mirar el lugar. Recuerdo tambien, pero con menos detalle, esas anecdotas sacadas de "big fish" que dan ganas de retroceder en el tiempo, o quizá con mas buena fortuna, no crecer jamas.

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  5. Creo que Big Fish es el mejor ejemplo para esa sensación nostalgica.

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