sábado, 4 de diciembre de 2010

Un poquito de Cortázar

Hoy a la mañana tomé un libro al azar de la biblioteca. Necesitaba desenchufarme un rato, para tomar distancia de las cuestiones cotidianas que a veces pueden producir un estado de saturación. No se porque motivo, elegí un libro que había leído hace mucho tiempo atrás: "Historias de cronopios y de famas", de Julio Cortázar. Cualquier cosa que pueda decir sobre Cortázar y su genialidad es poca, así que en este caso voy a dejar la crítica literaria para los entendidos. Baste con decir que me gusta, y que aún tengo pendientes muchos de sus libros. Lo que quiero hacer hoy es compartir con ustedes dos historias breves, brevísimas, de Cortázar, que son de las que más me gustan del libro antes citado. Así que les dejo estos relatos, que escriba Cortázar, y yo me despido hasta la siguiente entrada.

Historia
Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de la calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta.



Historia verídica
A un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con las baldosas. El señor se agacha afligidísimo porque los cristales de anteojos cuestan muy caro, pero descubre con asombro que por milagro no se le han roto.
Ahora este señor se siente profundamente agradecido y comprende que lo ocurrido vale por una advertencia amistosa, de modo que se encamina a una casa de óptica y adquiere en seguida un estuche de cuero almohadillado doble protección a fin de curarse en salud. Una hora más tarde se le cae el estuche, y al agacharse sin mayor inquietud descubre que los anteojos se han hecho polvo. A este señor le lleva un rato comprender que los designios de la Providencia son inescrutables y que en realidad el milagro ha ocurrido ahora.

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