domingo, 20 de marzo de 2011

Adiós, Tierra del Fuego

Hay libros que son una grata sorpresa en el camino. Me refiero a que hay veces en que nos encontramos con libros que no figuraban en nuestra lista de buscados. Así como entramos en un supermercado a buscar una caja de leche y salimos con el carro lleno hasta la mitad, también sucede que en la librería compramos un libro diferente al que buscábamos. Esto fue lo que me pasó con el libro de Jean Raspail, "Adiós, Tierra del Fuego", un libro que desconocía y que compré con curiosidad hace unos meses.




Jean Raspail es un marino que ha recorrido los rincones más recónditos del planeta y que ha dedicado muchos de ellos a la Patagonia, en especial a Tierra del Fuego. Su libro está basado en su último viaje, en 1999, pero hace referencia constante a sus viajes previos, que comienzan en 1951 y que muestran una Patagonia más agreste, más salvaje... menos invadida. Las historias que relata Raspail en su paso por Tierra del Fuego son conocidas en su mayoría, pero no por ello aburridas o vacías. Por el contrario, el autor enseña nuevos detalles o cuenta las cosas desde otra perspectiva. Allí está la historia trágica de Puerto Hambre, la fantástica quimera de Sarmiento de Gamboa y del rey Felipe II. También está la historia del fin de los pueblos originarios, de como el contacto con la civilización los llevó a una inexorable desaparición. Si bien el autor no hace un ensayo de etnografía y/o antropología, la descripción de los diferentes pueblos que habitaban Tierra del Fuego es muy completa, pero sin caer en una profusión de detalles que confunda al lector. Alacalufes, yamanas, y onas; sus historias y el contacto con los europeos llegados por oleadas son repasados por el autor, así como sus propias experiencias personales al tomar contacto con algunos de los últimos descendientes de aquellos pueblos. La crónica de las diferentes misiones evangelizadoras protestantes y católicas que, con mayor o menor acierto, intentaron hacer una obra de bien pero casi siempre fracasaron. Como corolario el autor deja un breve "teorema" (así lo presenta) que tiene mucho de cierto:

1) Toda minoría étnica que se niega a adaptarse está perdida.
2) Toda minoría étnica que se adapta está más perdida todavía.

Otra de las historias que cuenta el autor es la batalla de las Malvinas, en Diciembre de 1914, entre las escuadras alemana y británica, al mando de Von Spee y Sturdee respectivamente. La historia de esta batalla y de su preliminar, la batalla del Coronel, es una tragedia épica, dos asaltos de una pelea a la antigua, dos armadas en alta mar, calderas a carbón, disparos calibrados a ojo. Raspail se centra en la huida del crucero liviano Dresden y de como logró esconderse en una bahía recóndita del Canal Barbara, entre Diciembre de 1914 y Marzo de 1915. La zona es, aún hoy, muy poco conocida y no cartografiada con exactitud. La proeza, en aquel tiempo e incluso ahora, de recorrer aquel laberinto traicionero, se describe con la exactitud de alguien que conoce el mar y que sabe la magnitud de aquel escape.



El final del libro está dedicado a Orélie-Antoine I, el soñador, o loco (o ambas cosas), que se autoproclamó Rey de la Araucanía y Patagonia. Una nota de color, un relato de sueños y quimeras propio del siglo XIX que se extiende hasta nuestros días. El propio Raspail se declara parte de ese reino de fantasía, titulándose Cónsul General de su Majestad. Esto no le quita verosimilitud al libro, sino que funde al autor y a la región con las leyendas y la historia.

En todo el libro, más allá de las historias de los hombres, de las realidades y fantasías, está la geografía. Rocas, mar, y tormentas se suceden constantemente, mezcladas con frío, viento, y musgo. Un decorado impresionante que no hace otra cosa que invitar a recorrer aquella mágica región.

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