jueves, 7 de julio de 2011

Patagonia azul y blanca, de Clemente Dumrauf

Cualquiera que tenga un mínimo de curiosidad sobre la historia de la Patagonia habrá notado que su incorporación plena y efectiva al conjunto de la República Argentina se produjo en forma gradual y hace no demasiado tiempo. Antes de 1810, en la época del Virreinato del Río de la Plata, el dominio español era solo nominal, y las escasas tomas de posesión de tierra patagónica tuvieron breve existencia, y en muchos casos un trágico final. Baste enumerar al pasar los intentos de colonización del estrecho de Magallanes, por parte de Pedro Sarmiento de Gamboa, la provincia de Nueva León y el trágico final de Simón de Alcazaba, el fuerte San José, y la colonia de Floridablanca. A partir de la independencia y posterior consolidación de lo que hoy conocemos como Argentina, los sucesivos gobiernos comenzaron a comprender la importancia de la Patagonia y la necesidad de incorporarla a la naciente república. En el libro Patagonia azul y blanca, Clemente Dumrauf realiza un repaso de los hitos que marcan ese proceso de argentinización del territorio. El autor divide este proceso en 30 hitos de soberanía, que incluyen no solo la Patagonia continental, sino también Tierra del Fuego, Malvinas y la Antártida.

La revisión que realiza Clemente Dumrauf utiliza el símbolo de la bandera nacional, azul y blanca, para marcar el ejercicio de la soberanía en los distintos puntos de la región. Antes de eso, el autor dedica un capítulo entero al tema de cual es el verdadero color de nuestra bandera: "azul y blanco" ó "celeste y blanco". Allí me enteré, por ejemplo, que la creencia extendida de que la bandera es "celeste" y blanca se origina a partir de una confusión con el color "azul celeste", o sea, "azul (del color) del cielo". De los extractos de diversos documentos y declaraciones de organismo oficiales, como el Congreso de Tucumán, el Triunvirato, el Directorio, y sucesivos presidentes de la Nación, se ve como el termino original "azul celeste" se fue tergiversando en "celeste". Si bien parece una cosa menor, en realidad no o es, ya que es al día de hoy que coexisten las banderas argentinas azul y blanca con la de color celeste y blanca. [Nota: según el diccionario de la RAE, celeste es un adjetivo que significa "perteneciente o relativo al cielo", pero no es un sustantivo que denote color por si mismo]


 
Dificilmente pueda resumir en este breve artículo todo lo que Dumrauf describe y recopila en su libro. Hay unos cuantos capítulos dedicados al establecimiento de fortines, que dieron lugar a poblaciones, en el curso de los ríos Negro y Colorado (Carmen de Patagones, Choele Choel, etc.) y en la actual provincia de Neuquén. También hay capítulos dedicados a Chubut, los cuales llamaron mi atención porque el autor plantea una versión algo diferente de los hechos que invita a un buen repaso de esa parte de la historia. En primer lugar se refiere al valle inferior del río Chubut, a la frustrada empresa de Enrique Libanus Jones, y a la posterior llegada de los colonos galeses en 1865. Sobre este último tema plantea una cierta discrepancia sobre una versión de la historia que dice que los colonos habían izado una bandera azul y blanca con un dragón rojo en el centro, una especie de fusión entre las banderas de Argentina y Gales, respectivamente. Al parecer, las fuentes de donde se extrajo esa historia son confusas, y la evidencia es escasa, por lo que no es posible aseverarlo con contundencia. Nota al margen, en el libro Versiones de la Patagonia, de Jorge Fondebrider, también se trata el tema de la colonia galesa, y se plantean algunos de los puntos que analiza Dumrauf en su libro. Pero volviendo al tema de Chubut, también hay un capítulo dedicado a la Colonia 16 de Octubre y al histórico tratado de límites con Chile. Aquí Dumrauf, a contramano de lo que nos han contado desde hace décadas, desmiente que se haya realizado un plebiscito en la zona y reduce el papel de Holdich, el arbitro inglés, a un simple "veedor". Sobre esto hay mucho escrito acerca de como, supuestamente, los colonos radicados en la zona decidieron seguir siendo argentinos y se ganaron todas esas tierras para la Nación, e incluso hay testimonios, pasados de generación en generación sobre esos hechos. Pero los argumentos de Dumrauf no son disparatados, y plantean importantes dudas sobre la real existencia de ese plebiscito.

El libro de Dumrauf continua con Santa Cruz, Tierra del Fuego, Malvinas y la Antártida. Uno se siente maravillado por personajes como Piedra Buena (sí, así separado), Moreno, Fontana, o Casimiro Bigua. Todos ellos, a su manera y a sus tiempos, defendieron y pelearon por la soberanía argentina en la Patagonia. No me quiero extender en demasía, pero la escena de Piedra Buena, con una goleta de 2 cañones y 10 tripulantes, yendo a ponerle condiciones al gobernador de Punta Arenas, infunde orgullo y respeto. De más está hablar de Malvinas, esa historia la conocemos muy bien, pero allí sigue como un asunto pendiente de reparar. En fin, más allá de que uno pueda compartir o no algunos pensamientos personales de Dumrauf, los hechos son los hechos, y bien vale la pena darle un repaso a la lucha de un puñado de personas por defender la soberanía de la Argentina sobre la Patagonia.

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