miércoles, 3 de agosto de 2011

Reflexión nocturna a la luz del velador

Diez años atrás Puerto Madryn era más chico, especialmente después del ocaso. No digo veinte, treinta o sesenta años, sino simplemente diez años atrás. En realidad no es que por las noches se achicase físicamente, sino que al desaparecer la luz solar la ciudad parecía encogerse. A diferencia de las grandes urbes, donde el cemento y las luces se extienden hasta el horizonte visible (horizonte reducido por ese mismo cemento), en Madryn se percibía el límite entre la ciudad y el campo, entre lo urbano y lo agreste. Un gran manchón de luces encerrado entre el golfo y la meseta. En ese entonces había menos luces y más espacios oscuros en la inmensidad de su noche. El circuito urbano era vistoso y poco animado; y la gente parecía tener menos prisa. No es que ahora se ande mucho más apurado, pero sin duda todo se movía un poco más lentamente en aquel entonces. 

El tiempo siguió corriendo y el mundo ha cambiado mientras tanto. Diez años pasaron, y Madryn ya no es igual, como tampoco lo soy yo, ni ninguno de los que la recorrían en las noches de invierno. Ya se fueron aquellos sábados a la noche donde siempre había alguna excusa para dar una vuelta, tomar algo en alguno de los lugares de paso obligado, y tener esas interminables charlas sobre la vida, las cosas, los sueños, y quien sabe cuantos otros temas. Sin embargo, las frías y serenas noches de invierno eran tan nostálgicas como las de hoy. Basta asomarse a la calle un rato para ver que, a pesar de que Madryn ha crecido, aún se puede sentir ese latido del pasado, esa paz y quietud de otro tiempo, agazapado a la vuelta de una esquina o al final de un camino.

P.D.: Como lo dice el título, es una reflexión escrita hace unas semanas a la luz del velador, insomnio mediante, luego de un paseo nocturno por la ciudad.

2 comentarios:

  1. Doc. siento que me entre lineas fui mencionado en su pensamiento.

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  2. Licenciado, esa es la pura verdad. Un paseo nocturno por la ciudad, con la quietud de un martes por la noche, me trajo a la memoria algunas salidas de años atrás. En particular me acordé de esa vez que palmó la batería del Falcon y tuvimos que empujarlo cuesta arriba con 10 grados bajo cero. Pero bueno, esa es una larga historia ;)

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