viernes, 16 de noviembre de 2012

El meteorito de Kaperr Kaike

Cuando Musters relata las incidencias de su Viaje, allá por Alto Río Senguer, en 1869, menciona la existencia de una mina o veta de mineral de hierro. A unas leguas de ese lugar, le dijeron los indios, había, en medio de un llano desierto, una masa de hierro. La consideraban con un temor respetuoso y a juzgar por el relato, tenía la forma de una “bala enramada"
Alrededor del año 1950 consultados, por el Dr. Federico Escalada, al respecto, algunos indios viejos de Río Mayo, le dijeron que existió, en los llanos vecinos al paraje, hoy conocido por Pastos Blancos a mitad del camino entre Río Mayo y Alto Río Senguer, un trozo de hierro. Por las características asignadas debía ser un meteorito. Era objeto de respeto, veneración y ceremonial de parte de los tehuelches, únicos señores de esas tierras.
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Según Escalada, los indios pensaban que ese “fierro” (el meteorito) era una mujer, la primera que salió de la gruta. No procedía de padres, era obra de Seecho.
Estaba dotada de poderes sobrenaturales y era señora y dueña de la tierra y de los animales y plantas que la poblaban.
Tenía un hijo, objeto de sus desvelos y su amor. Del padre no hablaban, aunque parece que existió.
Un día el zorro (personificación de la picardía y la maldad en los cuentos aborígenes), asustó a los demás animales, determinando un desbande general.
La mujer corrió desesperada por temor de perderlos. El hijo para seguirlos se convirtió en un hermoso potrillo blanco, y partió a todo correr. También la madre se convirtió en yegua blanca y salió desesperada, tratando de reunir su hacienda. Entonces el potrillo, su querido hijo, se ahogó en una laguna a la que se había acercado para beber. La dolorida madre volvió a la forma humana, para llorar y lamentar la pérdida irreparable. Recorría día y noche los páramos, sin comer y bebiendo en las lagunas saladas para morir, pero como la muerte no llegaba decidió emplear sus poderes mágicos. Tras un matorral de calafate, que protegía del viento, se transformó en un trozo de hierro. El trozo de hierro meteórico que los indios venerarían por generaciones y generaciones.
Decía doña Agustina, la india mentada por Escalada, que antes de la metamorfosis, la madre, con desgarradora voz entonó una canción, que los abuelos repetían a los nietos. Se consiguió que doña Agustina la perpetuara en el disco. Es una canción tehuelche, cuyo origen debe remontarse a quién sabe cuantas generaciones.
La traducción, deficiente y provisional, sería “Hierro pesado de mi raza, de mi sangre", ... y después sonidos desprovistos de significación para llenar la melodía.
Cuentan que los indios visitaban el meteorito como un objeto sagrado, junto a él efectuaban ceremonias. Llevaban alimentos y hacían sacrificios de animales. Los aborígenes levantaban el meteorito y lo transportaban, calculando larga vida para los que lo llevaban más lejos. Luego respetuosamente volvían a depositarlo tras el monte de calafate, donde la dolorida madre cantó su última canción, condensando en ella toda su congoja.
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Recordaban, con indignación, los aborígenes, que el entregador de la reliquia fue sobornado con cien pesos y que en su furia los compañeros casi lo matan. Durante el resto de su existencia fue objeto de reproches. Finalmente, como tocado por una maldición, murió pocos años después.
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Extracto de "Chubut, ensueño y realidad", de María Pia Strasser (1962)

Como bien cuenta el relato de María Pia Strasser, el meteorito de Kapper kaike (o Kapperr, o Capper, o Capri, según la fuente), era un objeto de veneración Tehuelche. Parece ser que el primero en saber del meteorito fue George Musters, aunque no lo vio en persona. Veintisiete años más tarde vuelve a aparecer en escena, aunque esta vez en el Museo de La Plata y vinculado directamente a Francisco Pascasio Moreno ("el Perito"). La historia dice que un tal José Chaiuy, fue quien entregó la reliquia a cambio de cien pesos. Como suele suceder a los traidores, fue despreciado por sus paisanos, que casi lo matan, y murió años después sin otro recuerdo que haber sido el entregador del meteorito.

Meteorito de Kaperr kaike [Imagen extraída de Wikipedia]

Hoy en día podemos apreciar el meteorito de Kapper kaike en el museo de La Plata. Se encuentra en una de las primeras salas, donde se halla la exposición permanente "La Tierra - Una historia de cambios", dedicada a la geología terrestre. Allí hay una breve descripción que nos dice que se trata de un meteorito metálico, del grupo IIIAB, con un peso de 113.9 Kg, y que fue hallado por Francisco P. Moreno de 4 de abril de 1896. Parece ser que el encargado de trasladarlo a La Plata fue el naturalista Julio G. Koslowsky (sobre quien tengo pendiente escribir algo más adelante), aunque no queda claro en que momento aparece José Chaiuy en este proceso.

Artículo referido a la leyenda Tehuelche sobre el meteorito de Kaperr kaike (Revista Expreso Imaginario, Nº1, 1976)

Para los que no puedan visitar el museo de La Plata por razones de distancia, pueden ver un interesante recorrido virtual por su interior en la misma página web del museo, aunque en lo personal les recomiendo la que se muestra en el portal Argentina Virtual. Allí podrán acceder al museo desde afuera, entrar al recibidor, y doblar a la izquierda, adonde está la exposición permanente sobre la Tierra. Antes de que terminen de recorrer dicha sala van a encontrar al meteorito Kapper solitario, en una vitrina embutida en la pared.

Bueno, eso es todo por hoy. Espero que les haya gustado conocer este otro rincón de la Patagonia... aunque se trata de un pedazo de hierro venido del espacio y que ahora se halle en La Plata. Nos vemos en la próxima.

4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. No tengo idea, estimo que unos 25-30 cm, pero no puedo asegurarlo. Si llego a averiguar el dato lo agrego después. Saludos

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  2. Respuestas
    1. Es un meteorito metálico, al parecer compuesto por sulfuro de hierro y grafito. Saludos

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