domingo, 30 de agosto de 2015

La expedición de García Jofre de Loaísa en la Patagonia

Cada tanto, en forma azarosa o caprichosa, releo pasajes de libros que leí hace tiempo, ya sea buscando algo o simplemente porque se me dio la gana. Así fue como hace un par de días volví a hojear el libro "Barridos por el viento", de Roberto Hosne, y volví a encontrarme con una historia de la época de los primeros navegantes que anduvieron por las costas patagónicas. Mucho se ha hablado de la histórica vuelta al mundo de Magallanes, o de los trágicos y frustrados intentos de colonización de Pedro Sarmiento de Gamboa o Simón de Alcazaba. Sin embargo, poco se recuerda a la también trágica historia de la expedición de García Jofre de Loaísa (o Loayza, según la fuente), que pasó por la Patagonia en su camino a las islas Molucas.

Mapa del Nuevo Mundo de Sebastián Münster (1552). Para cuando se publicó este mapa la expedición Loaísa había concluído dos décadas antes, y el mapa de América ya tenía formas más aproximadas a la realidad. Fuente: La historia con mapas.

Esta historia comenzó, en cierta manera, el 6 de septiembre de 1522, cuando arribó a Sevilla lo que quedaba de la expedición de Magallanes. Un agotado Juan Sebastián Elcano, al mando de la nao Victoria, con solo 18 supervivientes, volvía a España después de 3 penosos años de navegación. Habían concretado la primera circunnavegación a la Tierra (al menos eso es lo que sabemos hasta ahora) y nuevas tierras con diversas riquezas estaban ahora al alcance de la mano de los europeos. El rey Carlos I de España decide entonces enviar una flota para incorporar las islas Molucas para su imperio, las cuales tenían interés tanto estratégico como económico. Recordemos que en aquella época el comercio de especias era muy redituable, y estaba mayormente en manos de italianos y portugueses. El fracaso de las reuniones entre los representantes de España y Portugal en 1524, impidió que se llegue a un acuerdo sobre la cuestión de la propiedad de las islas Molucas. Carlos I estaba apremiado economicamente por las diversas guerras en las que se había embarcado, por lo que impulsó esta expedición haciendo caso omiso a las protestas de Portugal, que alegaba derechos otorgados por las bulas alejandrinas (véase también el Tratado de Tordesillas). Por esta razón, el 5 de abril de 1525 nombró a fray García Jofre de Loaísa, Comendador de la Orden de San Juan, Capitán General de la Armada y Capitán General y Gobernador de las Islas Molucas. Para asegurar el éxito en la misión, Loaísa llevó como piloto mayor al ya célebre Juan Sebastián Elcano. La flota estaba compuesta por los barcos Anunciada, San Gabriel, Sancti Spiritu, Santa María de la Victoria, Santa María del Parral, San Lesmes y el patache Santiago, con un total de cuatrocientos cincuenta tripulantes. La mayoría de estos barcos podía entenderse como "de guerra", bien armados y pertrechados, en previsión de conflictos. Como dato curioso, había otro marino experimentado que formaría parte de la expedición: Rodrigo de Triana, el mismo que avistó América en el primer viaje de Colón.

Flota de la expedición de Loaísa con los correspondientes pilotos o capitanes al mando
Nave Mando
Santa María de la Victoria (capitana) García Jofre de Loaísa
Sancti-Spíritus (2º al mando) Juan Sebastián Elcano
Anunciada Pedro de Vera
San Gabriel Rodrigo de Acuña
Santa María del Parral Jorge Manrique de Nájera
San Lesmes Francisco de Hoces
Santiago (pataxe o galeón) Santiago de Guevara

Antiguo grabado que supuestamente representa la salida de la flota de García Jofre de Loaísa del puerto de La Coruña, el día 24 de julio de 1525. Fuente: The National Museum of Australia.


La expedición zarpó del puerto de La Coruña el 24 de julio de 1525, y para el 19 de noviembre ya estaban frente a las costas del actual Brasil. El 28 de diciembre un violento temporal dispersó a la expedición, y se perdió de vista la nave capitana y la San Gabriel. Luego de algunas deliberaciones y desencuentros entre Elcano, el segundo al mando, y otros pilotos, el resto de la expedición siguió rumbo al sur, llegando a Santa Cruz (50º latitud sur) el 12 de enero de 1526. A partir del temporal, hay algunas diferencias en la fechas, según la fuente que se consulte, pero la sucesión de los hechos es más o menos la misma. Con la esperanza de que los barcos dispersos arriben a ese refugio, Elcano manda a clavar una cruz en un islote con un mensaje al pie. Continuan navegando y, creyendo que se introducían en el estrecho de Magallanes, ingresan en el Río Gallegos y encallan. Según el libro de Hosne, "un bote con tres hombres parte para efectuar reconocimientos en la ría, y cuando regresan no hallan ninguna de las embarcaciones, que aprovecharon la marea alta para zafar de la varadura. Los tres hombres andan varios días alimentándose con lo que hallan: mariscos crudos, raíces... hasta que reciben auxilio por tierra y regresan luego todos a Cabo Vírgenes, donde está anclada la flota."

Las naves rezagadas finalmente llegaron a reunirse con el resto de la flota, luego de encontrar la señal con la cruz dejada por Elcano. Sin embargo, la reunión duraría poco, porque el 17 de enero, un feroz temporal en la zona de cabo Vírgenes hizo zozobrar a la nave de Elcano, la Sancti Spiritus, aunque sus tripulantes fueron rescatados. La San Lesmes, capitaneada por Francisco de Hoces, fue arrastrada por el temporal hasta los 55° de latitud, rebasando la Tierra del Fuego y llegando hasta (probablemente) el Cabo de Hornos, dejando testimonio de lo que parecía ser "el acabamiento de la tierra". Es muy posible que hayan navegado en aguas que se extendían más allá del continente, en dirección a la Antártida, sin divisar costa alguna.

El Cabo de Hornos es un acantilado de 425 metros de altura situado al sur de una isla de apenas 12 kilómetros cuadrados. Tierra y mar son constantemente barridos por vientos de hasta 100 kilómetros por hora con temperaturas bajo cero. Para volver a ver tierra hay que navegar 650 kilómetros en dirección sur, donde nos encontraremos con la Antartida. Fuente: Fondear.


La flota emprende el regreso a Santa Cruz, con el objeto de hacer reparaciones, especialmente en la nave capitana, que había sido la más castigada por el temporal, y para dar atención y descanso a los hombres enfermos o exhaustos. También se aprovechó la estancia en Santa Cruz para aprovisionarse con los escasos recursos de tierra, especialmente aves y pescado, puestos en salazón. Pero los problemas no cesarían en este lugar. La nao Anunciada deserta y se separa de la flota el 10 de febrero, supuestamente con la intención de llegar a las Molucas por la vía del cabo de Buena Esperanza. Nunca se supo más de aquella nao y de su gente. En cuanto a la San Gabriel, con Rodrigo de Acuña al mando, desertó y volvió a Brasil, donde esperaba hacer buena carga. En el camino tuvo que luchar contra buques franceses, y finalmente retornó a Galicia el 28 de mayo, con provisiones para no más de cinco días de viaje.

Tras una durísima navegación de 48 días, donde deben soportar violentas ráfagas de viento y furiosas tempestades, la flota, reducida a solo cuatro naves, sale del estrecho el 26 de mayo de 1526, y comienza la navegación por el Pacifico. A partir de aquí la historia de la expedición se aleja de la Patagonia y no vuelve a tocarla nunca más. Su suerte no fue mucha, ya que ninguna de las naves regresaría a España. el 2 de junio de 1526, un violento temporal dispersa a las cuatro naves, las cuales corrieron diversas suertes. El patache Santiago, que no tenía espacio suficiente en sus bodegas para almacenar el bizcocho para su tripulación (unos 50 hombres), se dirigió al norte, aprovechando la corriente de Humboldt, hasta Nueva España (México), llegando al golfo de Tehuantepec el 25 de julio de 1526. Nada se sabe de lo que le ocurrió a la San Lesmes, aunque se cree que intentó cruzar el Pacífico. Más de dos siglos después, en 1772, la fragata Magdalena encontró una gran cruz, muy antigua, cerca de Tahití, y en tiempos más modernos se han hallado dos cañones en Amanu, en las Tuamotu, lo que ha dado lugar a ciertas teorías sobre el fin de la San Lesmes, y una posible navegación hasta Nueva Zelanda y Australia. En la Santa María del Parral, como en muchas expediciones de la época, se produjo un motín, en el que fue asesinado el capitán, su hermano y su tesorero, y terminó encallada en la isla Sanguín, donde fueron atacados por indígenas, que los tomaron como prisioneros. En cuanto a la nave capitana, la Santa María de la Victoria, en el desastroso estado en que estaba pese a las reparaciones que se le habían hecho, consiguió la proeza de llegar a su destino. En el camino murieron muchos de sus tripulantes, víctimas de escorbuto, incluyendo a Loaísa (30 de julio) y Elcano (6 de agosto). Tras más de quince meses de terrible viaje, llegó a su destino la expedición, con solo una de las siete embarcaciones, la Victoria, completamente desbaratada, con el casco abierto desde su paso por el estrecho de Magallanes, el mástil mayor de repuesto desde Cabo Blanco y la proa resentida, con apenas 105 de los 450 hombres que habían zarpado de La Coruña.

Moluccæ Insulæ Celeberrimæ. Mapa de las Molucas de Willem Janszoon Blaeu (1571-1638), que apareció por primera vez en 1630 en el Atlantis Appendix. Fuente: Wikimedia


La historia de esta expedición se prolongaría durante tres años, en los cuales los españoles, en situación muy precaria, librarían una guerra contra los portugueses, aliándose con algunos grupos indígenas locales. Los últimos 24 supervivientes de la expedición de Loaísa regresarían a Europa a mediados de 1536, entre los cuales se encontraría Andrés de Urdaneta, quien documentó las peripecias del viaje, y luego fue famoso por descubrir y documentar la ruta a través del océano Pacífico desde Filipinas hasta Acapulco. Pero esa es otra historia, que ya nada que ver tiene con la Patagonia.

La escala patagónica de la expedición de Loaísa es apenas una parte de su historia, pero en ella se observan los mismos problemas y desafíos que tendrían que afrontar los expedicionarios y colonos desde aquel entonces hasta bien entrado el siglo XX. Parafraseando a Jorge Cramer en su libro "Por si quede", "se vislumbra como se las ha ido arreglando este viejo territorio para expulsarlos a casi todos".

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