sábado, 6 de agosto de 2016

Kraken en el paralelo 45°

Desde los albores de la civilización el hombre pobló de monstruos, magia y dioses lo que estaba más allá de las fronteras de su conocimiento. Los océanos y abismos se poblaron de monstruosidades, historias y leyendas que se transmitieron en forma oral y escrita a lo largo de los siglos. Sirenas, serpientes marinas y otros engendros acecharon la imaginación de los navegantes. Claro que no todo era imaginación, porque las profundidades del océano escondían (y aún esconden) animales sorprendentes. Así, medio con fábulas y medio con verdades, fueron quedando testimonios históricos que aún hoy dan lugar a controversias. Uno de los ejemplos más citados es el testimonio de Plinio el Viejo, que en el libro IX de su Historiae Naturalis, cuenta una historia muy curiosa que transcurrió alrededor del 150 a.c. en la provincia romana de Bética, en el sur de la actual España.

El pulpo colosal del malacologista francés Pierre Dénys de Montfort. Supuestamente esta criatura había atacado un barco frente a las costas de Angola. Esta imagen luego se repetiría y se convertiría en un icono identificado con el Kraken. La imagen fue extraída de #bhlMonstersRreal y retocada con el editor online ezgif.

"Durante el proconsulado de Lucio Lúculo en la Bética, Trebio Nigro, escritor de su comitiva, contaba que había un pulpo gigante que acostumbraba a salir del mar hacia las piletas acabando allí con las salazones. Se le pusieron por delante unos cercados, pero los saltaba por medio de un árbol, y no se hubiera podido atrapar si no llega a ser por el olfato de los perros. Éstos lo rodearon cuando volvía de regreso por la noche y los guardas al despertarse se aterrorizaron por algo tan excepcional. Su tamaño era insólito, después el color del animal, untado en la salmuera, con un olor de espanto. ¿Quién se hubiera podido esperar un pulpo en aquel lugar o lo huera podido reconocer de esa manera? A ellos les parecía que luchaban contra un monstruo, pues espantaba a los perros con su bufido terrible, azotándolos, además, unas veces con la punta de sus tentáculos o golpeándolo, otras veces, con la parte más fuerte de sus brazos a modo de mazas; a duras penas se pudo acabar con él tras múltiples arponazos. Le mostraron a Lúculo la cabeza, del tamaño de un tonel con quince ánforas de capacidad; además las barbas, que apenas podían abarcarse con los dos brazos, llenas de nudos, con sus ventosas de una urna de capacidad, como calderos y, así mismo, los dientes, en correspondencia con su tamaño. Sus restos pesaron setecientas libras."

Extracto de la versión en latín del libro IX de Historiae Naturalis de Plinio el Viejo en donde se cuenta la historia del pulpo bético (... Lucullo Proconsule Baeticae...). Fuente: Google Books, Caii Plinii Secundi Historiae naturalis libri XXXVII

Extracto de una versión en inglés del libro IX de Historiae Naturalis de Plinio el Viejo donde se refleja el texto citado anteriomente. Fuente: Archive.org

La descripción de Plinio el Viejo parece sacada de un cuento de H.P. Lovecraft, pero éste recién escribiría sus pesadillas dos milenios más tarde. El relato se sitúa en un contexto histórico bien determinado, identificado por el dato de el procónsul Lúculo (Lucius Licinius Lucullus) y el escritor Trebio Nigro (Trebius Niger). La bestia pesaba unos 230 kg y su cabeza tenía un volumen de unos 290 litros, con ventosas de unos 13 litros de capacidad (para las conversiones de las antiguas unidades de medida romanas utilicé los datos de la web Cultura Clásica). Haciendo cuentas en el aire resulta que la criatura tenía una densidad muy baja (menor a la del agua, que es de 1 kg/litro), pero bueno, vamos a concederle el beneficio de la duda a las mediciones y a las conversiones de las antiguas unidades romanas a las modernas. Pero más allá de esto, el relato de Plinio el Viejo sería reforzado varios siglos más adelante con la aparición de otra bestia que se halla a mitad de camino entre la realidad y la leyenda: el Kraken.

Otra de las antiguas ilustraciones que muestran una embarcación siendo atacada por un pulpo gigante. Fuente: Biodiversity Heritage Library.

Según dice la Wikipedia (¡Santa Wikipedia!), el kraken es una criatura marina de la mitología escandinava descrita comúnmente como un tipo de pulpo o calamar gigante que, emergiendo de las profundidades, atacaba barcos y devoraba a los marineros. Originalmente, este monstruo mitológico no tenía una forma de pulpo o calamar claramente definida, hasta que en 1802, el malacologista francés Pierre Dénys de Montfort publicó su trabajo denominado "Histoire Naturelle Générale et Particulière des Mollusques". En éste afirma que existen de dos tipos de pulpos gigantes: el pulpo kraken, descrito por los marineros noruegos y balleneros de América, y el pulpo colosal, el cual supuestamente había atacado a un buque velero de Saint-Malo, frente a las costas de Angola.

Incluso el naturalista sueco Linneo, a quien debemos la taxonomía de organismos vivos, incluyó en la primera edición de su Systema Naturae (1735) un animal que denomina Zoophyta Microcosmus. Posteriormente lo retiró en las siguientes ediciones.

Recién en la segunda mitad del siglo XIX la ciencia comenzaría a investigar y rescatar la verdad detrás del mito del Kraken. Hoy en día se sabe de la existencia del calamar gigante o Architeuthis dux, un animal poco conocido debido a la gran profundidad a la que habita. El calamar gigante es el mayor invertebrado viviente conocido, es exclusivamente marino y de hábitos solitarios, y si bien se lo puede encontrar a menos de 100 metros de profundidad, se lo asocia a aguas más profundas, inclusive a más de 800-1000 metros. Se alimenta de peces y otros calamares utilizando sus 2 tentáculos, sus 8 brazos con ventosas y 2 mandíbulas semejantes a picos de loro. Lo (poco) que se conoce de ellos se ha logrado a través de los ejemplares que se han hallado muertos en diferentes lugares del mundo, desde los mares del sur hasta el Atlántico norte, y desde el Pacífico hasta las costas de Europa. Incluso en las playas argentinas se han hallado ejemplares de estos animales, más precisamente en la costa chubutense de Bahía Camarones, allá por el paralelo 45º, y también más al sur, cerca de Tierra del Fuego.

Ejemplar de Architeuthis dux hallado en la playa de Bahía Bustamante en 1996. Fuente: INIDEP.

El primer registro de un calamar gigante en el Mar Argentino data del 2 de abril de 1995, y se produjo en el Golfo San Jorge, donde un buque arrastrero capturó una hembra adulta de 1,6 metros de longitud a unos 70 metros de profundidad. Apenas tres meses después, el 15 de julio de 1995, en el mismo golfo pero en la playa de Bahía Bustamante, apareció una hembra juvenil de 1,3 metros y 86 kg de peso sobre una capa de algas. Menos de un año después, un nuevo hallazgo se produjo en la misma zona. Una hembra juvenil de 1,94 metros de longitud y 180 kg de peso, apareció muerta en la línea de marea. Pasaron luego dos y tres años para que, en abril de 1998 y febrero de 1999, fueran capturadas otras dos hembras (1,4 y 1,7 metros de longitud respectivamente) por buques arrastreros mientras pescaban cerca de Tierra del Fuego, a profundidades superiores a los 200 m.
Calamar gigante hallado en la playa de Bahía Bustamante, en abril de 2008 [imagen extraída de un folleto publicitario del Museo Provincial del Hombre y el Mar]

Otra imagen del calamar tal como se encontraba en la playa de Bahía Bustamante. Fuente: Album de Picasa sobre Bahía Bustamante.


El verdadero Kraken, y perdonen que abuse de esta palabra pero me viene como anillo al dedo, apareció casi diez años después del último caso registrado en Tierra del Fuego. El 28 de abril de 2008, en la playa frente al poblado de Bahía Bustamante, apareció varado un calamar gigante del género Architeuthis de 5 metros de longitud y 220 kg de peso, con un tubo de algo más de 2 metros. Fue hallado por un poblador local, Tito Valdivia, quien lo envolvió en polietileno y lo apartó de la línea de marea, para evitar que el mar se lo lleve y para que otros animales no se devoren los restos. Luego el ejemplar fue transportado y preservado en la cámara frigorífica de Harengus, una empresa pesquera de Puerto Madryn, y posteriormente fue estudiado en las instalaciones del CENPAT (Centro Nacional Patagónico). Hoy en día reposa en una pecera con alcohol y agua en una de las salas de exposición del Museo Provincial del Hombre y el Mar (antiguamente conocido como el Museo de Ciencias Naturales y Oceanográfico).

Artículo del diario El Chubut que describe el hallazgo. Lo único confuso sobre este asunto es que el diario dice que en el museo oceanográfico y de ciencias naturales ya se halla un calamar preservado, mientras que en el folleto publicitario del museo dice que el ejemplar exhibido es el hallado en 2008. Fuente: Album de Picasa sobre Bahía Bustamante.

El calamar gigante que se exhibe en el Museo Provincial del Hombre y el Mar (Puerto Madryn, Chubut).

Otra vista del calamar gigante que se exhibe en el Museo Provincial del Hombre y el Mar (Puerto Madryn, Chubut).

Haciendo cuentas, se han hallado seis ejemplares en la costa atlántica argentina, todas hembras, en el período 1995-2008. Cuatro de ellas en el golfo San Jorge, y dos en Tierra del Fuego. No entiendo mucho de corrientes marinas y profundidades, pero sospecho que los Architeuthis deben ser más comunes de lo que uno cree, y quizás anden merodeando allí abajo, donde la luz del sol no llega y donde los humanos no nos metemos. Desafortunadamente estos animales solo se dejan ver una vez muertos, ya no que son propensos a nadar cerca de la superficie. Por lo tanto tendremos que esperar a que el mar arroje otra de estas bestias a la orilla para poder maravillarnos nuevamente con su existencia... y para recordar que, a fin de cuentas, el Kraken existe. Hasta la próxima.

Museo Provincial del Hombre y el Mar (Puerto Madryn, Chubut).

No hay comentarios:

Publicar un comentario