miércoles, 7 de marzo de 2018

La casa de hojas, ¿novela monumental o bodrio descomunal?

Voy a empezar esta breve reseña respondiendo a la pregunta del título: me temo que "La casa de hojas" se trata de un bodrio descomunal. La crítica opina lo contrario (para muestra basta un botón, así que pueden ver esta de Página 12, esta de La Vanguardia o esta otra en la web de Fantífica, una comunidad de fantasía y ciencia ficción), lo sé, y la apariencia del libro a primera vista es interesante. Incluso muchos insisten en notar las influencias de Borges en esta novela, aunque a mi entender esa influencia se limita a alguna cita en el texto y a lo laberíntico del texto (y de la casa, ya que estamos). No soy crítico, ni pretendo serlo, pero cada tanto, cuando puedo, me gusta plasmar mis sensaciones al leer un libro (no siempre lo posteo, a veces son solo pequeñas notas en mi PC). Como digo, el planteo del libro, y su curiosa maquetación, lo hacen muy llamativo, y la propuesta de la historia, que se resume en la contraportada, no pinta para nada mal.

Portada de "La casa de hojas", una intrigante novela que promete mucho, desconcierta bastante y termina dejando una sensación de hastío.


Contaportada
Will Navidson, un famoso fotoperiodista premiado con el Pulitzer, se traslada con su familia a una casa en el entorno rural de Virginia en un intento de salvar su matrimonio, seriamente perjudicado por sus viajes continuos y su adicción al trabajo. Además de Navidson, la familia está compuesta por la hermosa ex-modelo Karen Green y los dos hijos pequeños de ambos. Muy pronto, Will descubre que la casa presenta una anomalía arquitectónica singular: su espacio interior es ligeramente más grande que el que debería ocupar según sus dimensiones exteriores. Este es el arranque de El expediente Navidson, un fascinante documento que narra los sucesos acaecidos en la casa de Ash Tree Lane, es decir La casa de hojas. Will Navidson tratará de averiguar qué secreto esconde La casa de hojas, al mismo tiempo que procurará poner a salvo a su familia. Un viaje para el que recabará la ayuda de todos los medios a su alcance, incluida la de su hermano gemelo Tom, un profesor universitario y hasta toda una expedición de espeleólogos. Mientras Will y sus seres queridos se enfrentan a los peligros de esa casa encantada, un joven tatuador de Los Ángeles, el carismático y tierno Johnny Truant, malvive y quema las noches a una velocidad vertiginosa de la mano de su inseparable escudero, Lude. Las historias de Truant y Navidson se entrelazarán gracias a un hallazgo que cambiará la vida de todos los personajes inolvidables que atraviesan esta monumental novela.

Esto es lo que me atrajo en primer lugar, antes que el resumen de la historia. Las páginas de "La casa de hojas" están llenas de sorpresas como esta, donde algunos fragmentos corresponden a la historia, mientras que otros, como los recuadros ubicados en la mitad superior y las dos franjas verticales a la izquierda y la derecha, son lisa y llanamente basura, una lista de cosas que no aporta nada a la historia.


Insisto, sumando el planteo de la historia, las críticas, y la extraña, pero atractiva, estética del libro, es muy razonable pensar que se trata de una obra maestra. Bueno, acepto que lo intenta, pero a mi entender se queda a mitad de camino. La historia, cuando la despojamos de la hojarasca, cuando le removemos la maquetación, cuando suprimimos las más de cuatrocientas notas al pie, cuando le quitamos los diálogos y discusiones sin contenido, queda reducida a un relato de medio pelo, en el que se mezclan algunos elementos del terror (pero sin provocar terror), un drama familiar y la decadencia de dos personajes, un famoso fotógrafo y un tatuador drogadicto. Es cierto que la casa de Ash Tree Lane, la casa de hojas, también es protagonista de la historia. Es una especie de cruza entre la mansión Winchester, con su inquietante arquitectura interior, y alguna de las pesadillas de Stephen King. Sin embargo, no llega a asustar, sino que a veces provoca lo contrario, hastío y desconcierto. Lo único que termina salvando, por los pelos, a la obra, es su original maquetación. Cito textualmente un fragmento de una reseña que leí en la web Leer sin prisa mientras elaboraba esta entrada:

... la genialidad no está tanto en lo que te cuenta, que también, sino como consigue jugar con tu mente y lograr que sea uno de los libros más visuales que hayas leído nunca, y no a nivel descriptivo. Es difícil de explicar. La disposición del texto no es nada fortuito, cada línea, cada palabra, están donde están porque tienen que estar ahí. Las narraciones dentro de la casa, de su laberíntico contenido, están plagadas de estrategias de maquetación que te hacen leer como el libro te dice, no como tu quieras. Modifica tus estructuras mentales, y consigue crear tensión, celeridad, lentitud e intriga sólo con la disposición de las palabras. No me digáis que no es una genialidad.

Lo que más me ha sorprendido de todo, es que no se le haya ocurrido a alguien antes. Reconozco que no todas las editoriales se atreverían con un libro así (pobre maquetador, la de pesadillas que ha debido tener con el libro). Pero al final se convierte en el típico libro que todos queremos tener y leer. Lo considero una genialidad más como objeto que como historia en sí, que para mi gusto en algunos puntos flojea y hasta te hace perder el interés.

Otro ejemplo de la extravagante maquetación del libro, más propia del Códex Seraphinianus que de una novela fantástica. El texto que rodea al cuadrado negro de la izquierda está escrito en forma invertida, como a través de un espejo, y solo enumera lo que parecen ser nombres de libros (¿?).

A veces nos podemos encontrar con páginas con muy poco texto, organizado de maneras extrañas. Incluso hay páginas donde solo hay una palabra.


Creo que esto último resume a la perfección lo que siento. ¿Vale la pena leerlo? Por supuesto, porque cada libro tiene su lector, y muy posiblemente muchos encuentren en él una obra monumental. Por mi parte estoy conforme con haberme dado el gusto en leerlo, aunque me temo que no volveré a visitar sus páginas otra vez, a excepción de que tenga que enseñárselo a alguien.

Bueno, creo que

cualquier                                  otra

pa    la    bra

                    sob
                     ra

Hasta
      la
         próxima
                               entrada


Sobre el final podemos ver lo que serían las cartas de la madre de Johnny Truant, el tatuador drogadicto que es uno de los protagonistas de esta, definitivamente, extraña novela.

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