domingo, 22 de abril de 2018

Cuando los caídos están del otro lado

El pasado 2 de abril se recordó, una vez más, el aniversario de la recuperación de las islas Malvinas y, desafortunadamente, el inicio de una guerra de 74 días (u 80, si tomamos como fin de las hostilidades a la invasión de las islas Sandwich del sur por parte de los británicos el 20 de junio de 1982) cuyas consecuencias todavía están latentes. En particular este aniversario tuvo un condimento especial, ya que gracias a la tarea llevada a cabo por la Cruz Roja, con la colaboración de los gobiernos argentino y británico, se logró al identificación de 90 de los 121 N.N. que están enterrados en el cementerio de Darwin. Este hecho, que no mitiga el dolor ni repara la ausencia, al menos si restaura la memoria, y permite un correcto homenaje para los caídos, tanto de parte de sus seres queridos como de la Nación argentina entera.

Cementerio argentino en Darwin, islas Malvinas. Fuente: Unidiversidad.


Otras vista del cementerio argentino en Darwin, islas Malvinas. Fuente: La Nueva Mañana.


Pensar en los caídos en las islas y en su lugar de reposo final, el cementerio de Darwin, me llevó a reflexionar sobre lo extraño de la situación. Si bien no me voy a cansar de decir que las Malvinas son territorio argentino, en la práctica el gobierno de facto es británico, por más ilegal que sea, así que, de momento, estamos hablando de un cementerio militar argentino en un territorio con administración inglesa. Parece raro, casi ilógico, pero no es así. De hecho, es algo más común de lo que yo creía.

El imponente osario de Douaumont, cerca del campo de batalla de Verdún. En su interior reposan los huesos de más de cien mil combatientes. Fuente: The Atlantic.


Si nos vamos a Europa, podemos encontrar numerosos ejemplos de cementerios militares en los cuales invasores e invadidos se encuentran enterrados en el lado opuesto de la frontera. La Primera Guerra Mundial (PGM) y la Segunda Guerra Mundial (SGM), dejaron una montaña de cadáveres suficientemente grande como para que los cementerios militares proliferen por todos lados (y ni hablar de los civiles). Una breve recorrida por los portales Remembering the Fallen (PGM) y World War Two Cemeteries (2GM) revela centenares de cementerios militares, muchos de ellos emplazados en el lado opuesto de la frontera: alemanes enterrados en Francia, ingleses en Alemania, rusos en Polonia, y una largo etcétera.

Cementerio Aliado de la PGM y la SGM en Hamburgo, Alemania. Allí descansan los restos de prisioneros de guerra de la PGM y de pilotos caídos durante los raids de bombardeo de la SGM. Fuente: Remembering the Fallen.

Si vamos a los hechos, al parecer fue justamente durante la Primera Guerra Mundial cuando se estableció el principio del entierro individual de los soldados caídos en combate, una práctica que hasta ese momento estaba reservada sólo a los líderes. La legislación francesa, a partir del 29 de diciembre de 1915, otorgó a los soldados caídos por Francia y sus aliados el derecho a un lugar de enterramiento perpetuo en suelo francés. Esta regla se extendió el 28 de junio de 1922 a los "antiguos enemigos". Esto fue en sintonía con el Tratado de Versalles, firmado en junio de 1919, el cual incluyó un par de artículos (Nº 225 y 226) acerca del tratamiento de las tumbas de los enemigos. Esta era, quizás, la única cláusula en todo el documento que incluía un gesto de reconciliación hacia el enemigo derrotado, o más precisamente, hacia sus muertos. Los cementerios militares empezaban a convertirse en extraños símbolos de paz. Después de la guerra se crearon cementerios masivos, con importantes programas arquitectónicos, al punto que, solo en Francia, hay más de 2300 cementerios de la Primera Guerra Mundial.

Texto original del Tratado de Versalles, en donde los beligerantes acuerdan respetar los cementerios correspondientes a los enemigos. Art. 225: "Los Gobiernos aliados y asociados y el Gobierno alemán harán respetar y conservar las sepulturas de los soldados y marinos enterrados en sus respectivos territorios. Se comprometen a reconocer a las comisiones nombradas por alguno de los Gobiernos aliados o asociados para identificar, registrar, conservar o construir monumentos adecuados en dichas sepulturas, y a facilitar a estas comisiones el cumplimiento de su función. Convienen además en otorgarse recíprocamente, a reserva de lo prescrito en su legislación nacional y de las necesidades de la higiene pública, todo género de facilidades para satisfacer a las demandas de repatriación de los restos de sus soldados y de sus marinos". Art. 226: "Las sepulturas de los prisioneros de guerra, internados civiles que fueren súbditos de los diferentes Estados beligerantes y que hubieren muerto en el cautiverio, serán convenientemente conservadas, según las condiciones previstas en el artículo 225 del presente Tratado. Los Gobiernos aliados y asociados, de una parte, y el Gobierno alemán, de la otra, se comprometen además a suministrarse recíprocamente: 1. La lista completa de los fallecidos, con todos los datos útiles para su identificación. 2. Todas las indicaciones sobre el número y situación de las tumbas de los enterrados sin identificar". Fuentes: Library of the Congress y Constitucion Web.

Antigua fotografía de la década de 1930 en la que se ve un cementerio alemán en Servon-Melzicourt, en las inmediaciones del campo de batalla de Marne. Fuente: Great War Forum.

El mismo cementerio alemán de la fotografía anterior, pero en la actualidad. Fuente: Remembering the Fallen.


Los caídos en la SGM han recibido el mismo trato, aunque es un trabajo todavía inconcluso. La devastación de aquella guerra, y la inmediata división de Europa en dos bandos antagónicos (La Cortina de Hierro), no ayudaron a la recuperación e inhumación de los caídos. Al día de hoy siguen encontrándose los restos de aquellos que combatieron en las filas de los diferentes ejércitos beligerantes, y en muchas ocasiones se llega a situaciones polémicas. Por ejemplo, en Lituania se reabrió, en 2001, un cementerio alemán que previamente había sido destruido por las fuerzas soviéticas al final de la SGM, y sobre el cual habían construido un parque de diversiones (curiosa forma de borrar la memoria del pasado). Otro ejemplo son los cementerios alemanes en Rusia, como el de Sologubovka, a unos 70 km de San Petersburgo (ex Leningrado), donde descansan los cuerpos de más de 54000 soldados alemanes, bajo el cuidado de la Comisión Alemana de Tumbas de Guerra (Volksbund Deutsche Kriegsgräberfürsorge, VDK). Es bueno entender que este no es un cementerio de guerra más, sino el cementerio donde los que allí están enterrados atacaron y ocuparon la región, matando de hambre a más de un millón de civiles. La construcción de este cementerio por parte del VDK para los antiguos vencidos, en el país de los defensores, es una muestra del posible entendimiento entre los antiguos enemigos.

Cementerio en Gdansk/Danzig, donde descansan los cuerpos de 3089 soldados soviéticos caídos durante la toma de la ciudad en marzo de 1945. Fuente: Jesús Hernández - Goodreads.

Entierro de un grupo de 1400 soldados alemanes hallados en una fosa común en las orillas del río Neva, y reubicados en el cementerio militar alemán de Sologubovka. Fuente: Daily Mail.

Cementerio de la División Azul (España) en Novgorod, Rusia. Fuente: Getty Images.

Monumento alemán en Machault, en el desaparecido cementerio alemán cerca de Feldlazarett Nr. 8. Las figuras muestran al ángel de la vida dando a un soldado herido un trago de agua. Este es un ejemplo de un cementerio que fue trasladado/destruido. Fuente: Western Front Photography.

Como reflexión final, voy a repetir algo que ya dije en entradas previas: la guerra, perdón por la expresión, es una mierda. Si bien es parte de un perverso mecanismo evolutivo, creo que ya estamos en un punto de la evolución donde podríamos prescindir de ella. Pero basta ver las noticias o leer los diarios para ver que no, que aún tenemos que repetir una vez más los viejos errores. Los dejo con las historias detrás de estos cementerios militares que nos recuerdan, una y otra vez, los errores que no deberíamos volver a repetir. Hasta la próxima.

En el cementerio de Arlington, en EE.UU. hay tres tumbas de soldados del Eje, dos italianos y un alemán, que fallecieron en suelo estadounidense como prisioneros de guerra. Fuente: The connection to your community.

Si bien no se trata de un cementerio militar en sí mismo, en el cementerio de la Chacarita (Buenos Aires, Argentina), hay un sector británico donde reposa una docena de caídos durante la PGM y la SGM. Fuente: World War Two Cemeteries.

P.S. (minutos después de publicar la nota): Me quedaron mil cosas en el tintero, pero solo quiero mencionar dos. Una, que descubrí de casualidad recién, es que también hay una tumba de un militar argentino en Grytviken (islas Georgias del sur), que es la del maquinista y suboficial primero Félix Artuso, quien murió en un confuso episodio cuando las fuerzas inglesas invaden ese archipiélago en 1982. La otra cuestión, mientras releía el artículo de la Wikipedia dedicado al cementerio de Darwin, es la obstinada, sin duda fogoneada, resistencia del al población implantada en Malvinas respecto del cementerio argentino. Después de ver los ejemplos de Europa con los cementerios militares de la PGM y la SGM, no puedo entender la reacción en las islas. Estoy seguro que es algo alimentado adrede desde Londres, porque de otra manera no es entendible.

3 comentarios:

  1. Excelente como siempre Patricio. Si bien a Londres le sirve fomentar el espíritu y la visión militarista del conflicto, no creo que en este aspecto tengan la culpa. El de los isleños es todo un tema. Para entenderlos creo que es necesario tener en cuenta varios factores: 1) Hay familias que viven ahí hace 5 o 6 generaciones (en este sentido llevan mas tiempo en malvinas que la mayoría de nuestras familias en la propia Argentina, salvo que seas de alguna "familia patricia") y nosotros pretendemos decirles, sin mas, que no vamos a tener en cuenta nada de lo que digan. Eso no debe caerles muy simpático; 2) La guerra fue para ellos, aunque no tuvieron mas de dos o tres muertos (y por bombardeo propio), un evento muy shockeante que los dejó traumatizados con el permanente temor irracional a una nueva invasión. Temor que encuentra sentido cada vez que desde aquí se pretende conmemorar la "gesta de malvinas" como una muy buena idea ; y 3) Por último un factor que estaba presente antes de la guerra y siguió estando después pero más acentuado: la xenofobia, que se siente muy fuerte en comunidades pequeñas y aisladas que tienden a rechazar todo lo ajeno a ellas. Me parece que por ahí va la cosa. La animadversión que podía existir antes del 82, se transformó en un odio en el que nunca se trabajó, que se va transmitiendo y que sella definitivamente la idea de unas Malvinas Argentinas, soberanía compartida o lo que fuere.

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    1. Es muy interesante tu punto de vista Maxi. El punto 3 no lo había pensado antes, pero es muy acertado. Las comunidades muy pequeñas son muy conservadoras, cerradas, y eso alienta una intolerancia que va más allá de la guerra del 82 (que, de paso, no ayudó en nada a cambiar esta sensación). De todas formas, esto le viene como anillo al dedo a Londres, que con una actitud pasiva, o agitando de tanto en tanto un fantasma militarista, no tiene que hacer ningún esfuerzo para cambiar de posición.
      Respecto al punto 2, no se pueden comparar muertos porque no son todos iguales, pero si Alemania, Francia e Inglaterra se asociaron en poco menos de dos décadas de finalizada la Segunda guerra Mundial y formaron el germen de la UE, con millones de muertos de por medio... ¿no es exagerado el antiargentinismo después de una guerra cuyos únicas 3 víctimas civiles fueron a causa del "fuego amigo"? Sin duda debe pesar lo que decís sobre las comunidades pequeñas, pero sigo pensando que es desproporcionado.
      Abrazo, ¡y gracias por comentar!

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  2. Es muy exagerado! Hay un documental online llamado "return to Falkland", (estan el youtube) que trata un poco el tema. El caso de Europa es distinto, porque luego de la II Guerra no quedó latente la amenaza de nuevo conflicto (más allá de la guerra fría). Con Malvinas, los isleños quedaron muy convencidos de que nosotros en cualquier momento volvíamos a invadir, fijate que recién a fines de los ochentas se firmó la paz definitiva. En fin, un abrazo.

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