lunes, 16 de abril de 2018

Veinte años de ausencia

Estuve pensando diferentes formas de empezar la entrada de hoy, pero ninguna me convence. Para colmo las ocupaciones diarias no me dejan mucho tiempo libre como para hacer composiciones literarias complejas. Por esta razón, voy a ir directo al asunto, sin más prolegómenos. Hoy, 16 de abril de 2018, se cumplen 20 años de la partida de mi viejo, Carlos Alberto Donato, y quiero recordarlo en este lugar. Se me ocurre que la mejor manera de hacerlo, además de las palabras que brotan en forma atropellada a mi mente, es a través de algunos viejos recortes de diario, donde está él junto con sus pasiones: los autos de carrera y la mecánica.

Esta foto debe ser de 1985 o 1986. Eran los comienzos de mi viejo como preparador de autos, los clásicos "fititos", para la categoría zonal TN800. En esa época, mi viejo solía salir a ablandar el motor y de paso nos hacíamos una escapada a Puerto Pirámides. La foto está sacada en la zona del antiguo mareógrafo.
Voy a evitar frases trilladas, e intentaré no repetirme con otros aniversarios. Simplemente quiero recordarlo tal cual era, con sus defectos y virtudes, con sus contradicciones y sus convicciones. Serio de a ratos, jodón en otros momentos, trabajador (pero a su ritmo), desordenado, memorioso, cabrón (bastante), muy poco diplomático, buenazo con las personas a las que apreciaba y un largo etcétera de adjetivos que pueden contradecirse un poco. Sí, claro, tenia sus contradicciones, y discutimos mucho por ellas, pero tampoco eran tantas ni tan importantes. 

Nunca tuve la constancia, y lo lamento, de guardar las notas del diario donde salía mi viejo. En sus buenas épocas los autos que él preparó, y los pilotos con los que trabajaba, solían estar en las noticias deportivas zonales. Esta nota del diario El Chubut que se reproduce acá es de marzo de 1994, cuando mi viejo estaba como "presidente" de la categoría TN800.

Viejo, veinte años después puedo decir que he heredado muchas cosas de tu carácter, incluyendo dichos y expresiones. No me atrevo decirte que heredé tu terquedad porque en eso me parece que tengo los genes de la vieja, que te ganaba o empataba en ese rubro. Nunca pude heredar tu pasión por los motores, aunque traté de no alejarme tanto de ellos. En ese sentido Hugo ha seguido mucho más fielmente tus pasos, desarmando cuanto auto se le pone al alcance de la mano.

Otro recorte del diario El Chubut, esta vez de mayo de 1994. En la nota mi viejo habla del tema de los neumáticos, uno de los dilemas a la hora de regular la categoría para que todos corran en igualdad de condiciones.
Extraño muchas cosas, especialmente porque cuando te fuiste yo estaba en una edad en la que empezaba a entenderte, y creo que vos a mi. No han faltado ocasiones en estos años para sonreirme y recordar: "el viejo me había dicho que esto iba a pasarme, y me pasó nomas" o "esto que te digo yo me lo dijo mi papá a mi, y a su vez se lo dijo su padre a él, y así sucesivamente". Sí, con el paso de los años me di cuenta que la tenías clara, que no eras ningún boludo como yo solía pensar en mi adolescencia.

Esta nota es una pequeña joyita, al menos para mí. Es la primera página de la sección deportiva del diario El Patagónico (Comodoro Rivadavia) del día 1 de noviembre de 1996. Ese año yo me fui a estudiar ingeniería electrónica en la UNPSJB (los dos primeros años los había cursado en Puerto Madryn), así que para mi fue una gran alegría recibir a mi familia y compartir el fin de semana de carreras. Recuerdo que mi viejo estaba enojadísimo con la gente del autodromo comodorense. A la tarde, o a la mañana siguiente, no recuerdo bien, mi familia fue a saludarme a la residencia universitaria donde vivía (allá por la calle Fray Luis Beltran, en el kilómetro 3), y coincidió que estaba un amigo que estudiaba comunicación social y hacía algunas notas para el diario El Patagónico. Se improvisó la entrevista ahí nomas y Guille, así se llamaba este chico, le prometió a mi viejo que iba a salir la nota en breve. Efectivamente, cuatro días después la nota estaba en la calle. Qué gran recuerdo...

Muchas veces que me siento a escribir en el blog, y escarbo en las historias de esa tierra a la que tanto quiero, y a la que vos estabas tan aferrado. Recuerdo que vos conocías cientos de historias y anécdotas del viejo Madryn, de cosas que viste o que escuchaste, de cosas que te contaron o que descubriste. Las hecho mucho de menos y algunas las he podido reconstruir a partir de fragmentos, pero me temo que la mayoría se han perdido para siempre.

Otra de las cosas que recuerdo mucho de mi viejo, además de su pasión por los fierros, son los viajes al interior de la meseta, a Telsen, a Talagapa y a Sierra Apas. Siempre iba para hacer alguna changa mecánica en los campos de un abogado trelewense, y estiraba lo más que podía esas estancias. Muchas veces solíamos viajar con él, incluso con mi hermano cuando era muy pequeño. En su momento estos viajes eran una mezcla de alegría y hastío, pero con los años los recuerdo con mucha melancolía, porque tuve la suerte de ver, y sentir, esa Patagonia bien rústica, la que no se difunde turisticamente pero que tiene una belleza desoladoramente apabullante.

En fin, ¿qué más podría agregar? Todo, y nada a la vez. El número no refleja la magnitud de la ausencia, que no se puede medir, pesar, cuantificar, en forma exacta. Tenés dos nietos que, además de ponerme en el rol de padre y hacerme entender (por la fuerza) las limitaciones y desafíos que no veía cuando solo era hijo, preguntan por vos, e intentar entender porque no estás. Te conocen de fotos, y de anécdotas, y saben que dejaste un vacío invisible que invita a la melancolía en momentos como éste.

Una hermosa nota que salió hace unos 6 años en el suplemento Corsa del diario El Chubut. Allí están los testimonios de algunos de sus pilotos y de la gente que lo conoció. Anécdotas, todas ellas ciertas, acerca de lo que era mi viejo. También allí se menciona a Don Oscar Ebene, quien fue el maestro de mi viejo, a quien consideraba casi como un segundo padre. No quiero dejar pasar la figura de Oscar, porque estuvo siempre presente, cuando mi viejo enfermó, y después de fallecer, siempre se preocupo por mi madre, mi hermano y por mí. Un grande en todos los sentidos, más allá de la profesión, un grande la Vida.

Si estuvieras acá me dirías que te estoy chamuyando y que te quiero enroscar con mucho palabrerío. Puede ser. Así que antes que te cabrees (en mis recuerdos), quiero decirte que te extrañamos, y que lamento no haber madurado más rápido para haber compartido más cosas juntos.

Chau Papá, dondequiera que estés.

Un viaje a Luján a principios de los años ochenta. Me quedan pocos recuerdos reales, pero por suerte están las pocas fotos que se sacaban en aquella época.

8 comentarios:

  1. Hermosa descripción de tu padre, era todo eso que decís, con un gran corazón siempre dispuesto a brindarlo, te mando un fuerte abrazo, tendrás mucho de él, el fruto no suele caer muy lejos del árbol...

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    1. Gracias Jorge. De más está decir que agradezco tus palabras y tu testimonio. Te mando un abrazo grande.

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  2. Patricio, muy lindo recuerdo. Te mando un fuerte abrazo.

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  3. Un abrazo Patricio, me gustó su descripción, sobre todo lo de trabajar a su ritmo. Después de 20 años parece que sigue más adentro tuyo que nunca y eso te va a ayudar y acompañar siempre.

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    1. Gracias Dario por tus palabras. Efectivamente, a pesar de los años la ausencia se hace más notoria, o al menos no se atenua. Hoy lo entiendo a mi viejo como no lo entendía en mi adolescencia, y me he dado cuenta de que incorporé un montón de cosas de él. En fin, es el aprendizaje. Abrazo.

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