Volvíamos de Caleta Valdés con dirección a Puerto Madryn. Era enero de 2018, había buen sol, clima agradable, y teníamos tiempo, así que decidí improvisar un desvío en el camino. A veces cuando viajo, llevo una lista mental, secreta, de lugares de interés "por si sobra tiempo", que trato de improvisar sobre la marcha. Sí, confieso que no siempre comento todo el plan de ruta de antemano, no vaya a ser que mis compañeros de viaje (mi sufrida familia) vayan a rebelarse antes de salir o pongan peros. Por eso llevo una hoja de ruta paralela, para improvisar paradas o desvíos oportunos. En aquella ocasión tenía en mente ubicar el lugar donde se había emplazado el Fuerte San José, basándome en algunas referencias más o menos vagas que tenía. Había revisado los caminos con ayuda del Google Maps y tenía más o menos una idea de como acercarme al lugar. Por supuesto, no tenía ni idea de si había tranqueras que franquear, pero al menos quería hacer el intento (para ese entonces no había sufrido el incidente de los clavos que tuve en el camino a Bahía Cracker).
Una huella que se abre del camino principal es siempre una opción tentadora. ¿Quién sabe lo que hay al final del camino? |
Esperaba hallar una costa suave donde una vez hubo un fuerte, pero en su lugar hallamos un acantilado y un lugar solitario. |
Sin embargo, la fallida excursión al fuerte San José me llevó a un lugar que era casi virgen, un hermoso rincón patagónico que si no fuera por la huella que había recorrido en auto y la presencia de un alambrado (y un casquillo de un rifle que encontró mi hija), podría decirse que no había sido pisada por el hombre en siglos. Una duna de arena con abundantes fósiles, acantilados derrumbados, arbustos salvajes y mucho silencio conformaban un paisaje maravilloso, de esos que cada vez cuesta más encontrar.
El viaje continuó un rato después. Desanduvimos el camino, la huella, y volvimos a la ruta que nos llevaría a Puerto Madryn. Atrás quedó ese lugar, unas fotos y la sensación de haber experimentado por un breve instante a la Patagonia en su estado más puro.
El acantilado, con todas esas piedras derrumbadas, es como una llamada al misterio, a la intriga, al deseo de ir y ver que es lo que allí abajo. |
La historia de hoy es muy breve, muy personal y sin grandes revelaciones. Pero bueno, hay veces que los tiempos, y las preocupaciones, no me dejan lugar a las notas habituales. Hoy sentí que lo mejor era compartir uno de estos recuerdos, que espero les haya gustado. Nos vemos en la próxima entrada, como de costumbre (y gracias por leer hasta aquí).
Un alambrado que termina en el mismo lugar que termina la tierra. Un alambrado caído, antiguo, era la única señal de presencia humana en el lugar (y el cartucho del rifle que hallamos cerca de allí). |
Gracias por compartir!. El fin de semana pasado estuve en Punta Ninfas. Hacia años que no iba. Que lugar hermoso. Esos acantilados, la boca del golfo, los elñefantes marinos en la playa. Es inconcebible que ese lugar no sea una reseva natural.
ResponderEliminarGracias por tu comentario Maxi. Respecto de Punta Ninfas, comparto tu visión, es un lugar que hay que pensar en proteger para el futuro. Saludos
EliminarHola, por donde podria acceder al sitio? hay un camino posible hacia el fuerte? muchas gracias
ResponderEliminarHola. No tengo claro si es posible acceder al lugar donde se emplazaba el fuerte San José, todavía no he estado allí. Saludos
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