Intrépidos viajeros patagónicos de principios del siglo XX

Hace mucho tiempo, cuando este blog aún era joven, escribí una nota sobre el inconcluso viaje de Braun y Schick, quienes intentaron unir Puerto Madryn con Nueva York, a bordo de una motocicleta, en la década del veinte. Luego, hace unos diez años, retomé este tema para contar las historias de otros viajeros que, partiendo de la Patagonia, se lanzaron a recorrer el continente. En aquella nota aparecían las historias de Rebuffo y Lecea, de los caballos Gato y Mancha, de los comodorenses y otras más. Hoy vuelvo sobre este tema para seguir contándoles sobre viajeros de principios del siglo pasado, quienes se aventuraban por las rutas de la Patagonia con precarios vehículos, mucho coraje y bastante suerte. Los invito a recorrer los polvorientos y maltrechos caminos de una época donde todavía circulaban las tropas de carros y la región era una zona de promesas.

La fotografía, cuyo origen he perdido el rastro, retrata una de las tantas situaciones que se podían dar al atravesar las indómitas tierras patagónicas a bordo de los novedosos vehículos con motores de combustión interna de principios del siglo XX.

1914, una gira por el interior de la provincia de Chubut

El Ford modelo T fue el vehículo que puso, literalmente, al mundo sobre ruedas. Este legendario automóvil se fabricó entre los años 1908 y 1927, y fue comercializado en la región a comienzos de la década de 1910. En una fecha tan temprana como el 11 de diciembre de 1914, encontramos un relato de viaje realizado a bordo de uno de estos automóviles en el Nº. 797 del semanario galés Y Drafod. El cronista es Ithel Berwyn, hijo de uno de los pioneros de la colonia galesa, quien describe algunas circunstancias del viaje y lugares visitados. A continuación se reproduce dicho texto con la ortografía correspondiente al texto original:

Al Señor Gerente de la Compania Mercantil del Chubut. 
Don Joseph Jones, 
Muy Señor mio: 
Con el mecanico Don Leon Dupouey remito a esa el coche FORD N° 511.312 puesto por Vd. a mis servicios con fecha 19 de Octubre del presente año, al efecto de cumplir diligencias que me fueron encomendados por el Directorio de la Compañía. 
En merito y honor a la verdad hago constar de que el coche referido ha recorrido conmigo desde la fecha que me fue entregado hasta hoy, que regresa de un viage que ha durado diez y nueve dias, cinco mil cincuenta y cinco kilometros o sea un mil once leguas kilométricas sin desperfecto alguno y con solo el empleo alternativo de dos juegos de camaras de aire y dos juegos de cubiertos, los cuales aún están en buen estado de uso, como puede probarse mandandolos inspeccionar. 
El ultimo viage referido y que emprendí saliendo de Trelew por la mañana del dia 5 de Noviembre ultimo fue al lote 19 Fracción B Sección GI de este Territorio vecindad de la Colonia Boer, via paso Las Plumas y de allí atravezando una parte de las Serranias "Kanquel" hasta Paso de los Indios, continuando via Quichaura, vadiendo tres veces el rio Tecka, llegué a la Colonia 16 de Octubre cuya población recorrí en su mayor parte y bajo un torrente de lluvia, ascendiendo colinas, como asi mismo atravezando terrenos accidentados y pantanosos; puede atestiguar este ultimo hecho los Señores William Lloyd Jones, Glyn, y David P. Roberts, personas que me acompañaron en la referida recorrida. En mi regreso tome la carretera de Gualjaina atravezando las altas planicie de Bwlch y Gwynt, entrando a la carretera general en Pampa de Aña, la que seguí hasta Paso de los Indios, tomando allí por el conocido por camino de Mattó o carretera de afuera llegué a la cuenca de la histórica guarida de la tribu Tehuelche del Cacique Kanquel, lugar casi impenetrable para vehículos arrastrados por fuerza a sangre, de allí y ya de regreso pasamos por la Estancia del Señor Bautista Saldias y establecimiento del Señor Carmen Díaz, de este ultimo punto atravezamos un campo sin camino de ninguna clase por una distancia de cuatro leguas, hasta tomar nuevamente el camino de Mattó en las cercanías de Cerro Negro. 
El dia de ayer 7 de Diciembre hicimos el recorrido de 40 leguas, es decir de la casa de comercio del Señor Lauriano Lopez en Valle de los Martires hasta Hafn Fawr casa del Señor Nicolás Castro en 4 horas 37 minutos. Ademas de este viage he hecho con este mismo coche FORD desde Trelew a Chasico viseversa 66 leguas recorridas en 7 horas 15 minutos; como asi mismo al Sur del Territorio hasta Camarones recorriendo todas las estancias de aquel departamento. 
La velocidad media desplegada en las mil once leguas de recorrido que acaba de completar el coche FORD ya referido ha sido de 25 kilometros por hora, sin embargo en caminos buenos como ser el de Los Pozos a la Bajada Castro, (camino Chasicó) que dista 12 leguas fue recorrido en 57 minutos, como tambien la distancia entre la Estancia del Señor Francisco Pecoraro en Tecka, al pueblo Esquel 25 leguas vadiendo el rio Tecka tres veces fue cubierto por el FORD en 3 horas 5 minutos, de Esquel a la casa de negocio de la C.M.C. en Arroyo Pescado distancia 13 leguas en 1 hora 23 minutos. En los viages ya referidos al Norte y Sur del Territorio fui acompañado y el coche guiado por el mecánico Don Juan Belhartz y en este ultimo por el mecánico Don Leon Dupuoey y es mi deber hacer constar de que ambos profesionales demostraron especial actividad y celo en el desempeño de sus servicios, como asi mismo han obligado mi gratitud. 
Saluda al Señor Gerente atte. 
S.S.S.
ITHEL J. BERWYN


En esta carta, Ithel resume las vicisitudes de una gira por el territorio de más de cinco mil kilómetros, a bordo de un vehículo Ford de la compañía, elogiando tanto el comportamiento de dicho automotor como el de los dos acompañantes del viaje. En ese viaje, que duró 19 días, Ithel detalla cada uno de los parajes visitados, yendo desde Trelew hasta la colonia Boer, en la zona de Comodoro Rivadavia, siguiendo luego hacia Paso de Indios, atravesando la provincia por el centro hasta llegar al valle 16 de Octubre, para luego volver al Valle Inferior del Río Chubut pasando otra vez por Paso de Indios. Llaman la atención los registros de velocidad declarados, que en algunos casos llegan hasta unas 12 leguas por hora, o sea, unos 60 km/h, una velocidad para nada desdeñable si hablamos de un Ford T de 1914 recorriendo una huella marcada a fuerza del paso de carros, donde ninguna maquinaria vial alisó y suavizó el camino.

Otro aspecto interesante del relato de Ithel es el de las referencias toponímicas de ciertos lugares del interior chubutense que son poco conocidos o que están denominados con nombres que se encuentran en desuso en la actualidad. Por ejemplo, menciona las «altas planicies de Bwlch y Gwynt», que en castellano sería «Paso del Viento», un paraje ubicado a pocos kilómetros al noreste de Tecka, la «Pampa de Aña», conocida hoy en día como «Pampa de Agnia» y el «camino de Mattó», cuyo ubicación me ha sido imposible determinar.

 

Nota del 11/diciembre/2025: A través de un comentario que me hizo uno de los lectores de este blog, conocí la historia del norteamericano Jarred Jones, quien llegó a la región cordillerana en el siglo XIX y que en 1913 viajó a los EE.UU. y trajo los primeros tres Ford T a la ciudad de Bariloche. Los mismos fueron transportados en tren desde Buenos Aires hasta General Roca, y luego de ahí hasta Bariloche siguieron viaje a través de las maltrechas huellas, demorando cuatro días.

1916, publicitando un auto con un viaje

El semanario Golfo Nuevo Nº 102, del 15 de abril de 1916, publicó una fotografía, absolutamente ennegrecida y deteriorada por el paso del tiempo, donde se aprecia (o debería apreciar) un automóvil Overland a orillas del lago Nahuel Huapi. La imagen y el texto que la acompaña están a mitad de camino de una nota informativa y una publicidad, ya que se hace hincapié en que el vehículo era conducido por el mecánico Pedro Corradi, dueño de la empresa y garage «El Rayo», quien a la larga sería el representante de Ford en la región. Pero yendo a lo que estrictamente me interesa, en la nota se menciona que Corradi realizó un viaje de más de 400 leguas (unos 2000 kilómetros) entre Puerto Madryn y el lago Nahuel Huapi, donde tuvo que vadear diferentes ríos, como el Chico, Ñorquinco, Pichi Leufú y Ñirihuau (todos ellos en la franja sur de la provincia de Río Negro). La nota resaltaba que el Overland era un vehículo capaz de vencer cualquier dificultad, independientemente de cuales fueran los caminos a recorrer.

Arriba a la derecha se aprecia la fotografía original del semanario Golfo Nuevo, muy deteriorada, y abajo a la derecha se observa una libre interpretación de dicha foto realizada con Chat GPT. A la izquierda se puede ver una publicidad de los automóviles Overland aparecida en la misma edición del semanario Golfo Nuevo del 15 de abril de 1916. Los ejemplares del semanario Golfo Nuevo se pueden consultar en este enlace de la Biblioteca Sarmiento, de Puerto Madryn.

1917, un improvisado viaje de Madryn a Buenos Aires

En el semanario Golfo Nuevo Nº182, del sábado 27 de octubre de 1917, aparece una nota dedicada a un viaje en automóvil desde Puerto Madryn hasta la Capital Federal, realizada por vecinos del pueblo que necesitaban llegar a ese destino con cierta urgencia. El relato de ese viaje fue publicado originalmente por el diario porteño «La Prensa», y luego reproducido por el semanario local, que se hizo eco de la aventura rutera de estos vecinos. A continuación se reproduce el texto completo (los errores de ortografía corresponden al texto original):

De Puerto Madryn á Buenos Aires
Uno de nuestros «reportens» vió ayer, por las calles de la ciudad, un automovil, cuya chapa denunciaba su procedencia de Puerto Madryn. Trató de averiguar las incidencias que suponía, desde luego, en un viaje tan largo, y averiguó que éste, en efecto, había sido realizado en automovil desde dicha localidad del territorio del Chubut hasta esta capital.
Los viajeros, señores Alfonso Jannone y Pedro de Paolis, comerciantes de aquel punto, resolvieron el 30 de septiembre último, en vista de la paralización del tráfico marítimo, y teniendo que realizar en esta capital varias operaciones mercantiles, dirigirse en automovil hasta Bahía Blanca. Con tal fin, dicho día salieron de Madryn en un pequeño automovil, guiado por el "chauffeur" Onofrio Padovano.
Llegaron al puerto de San Antonio al día siguiente, y continuaron hasta Bahía Blanca, adonde llegaron el 2 del corriente. Permanecieron en esa hasta el día 5, en la creencia de que la huelga ferroviaria se resolvería: apremiados por la necesidad de encontrarse en Buenos Aires en esta semana, los viajeros resolvieron continuar su viaje en automovil hasta esa capital.
Sin planos, guiados unicamente por las informaciones de algunos ocupantes de pequeñas chacras, los viajeros salieron el 5, en dirección á Olavarría. En ese largo trayecto tuvieron que hacer grandes rodeos, á fin de buscar caminos y evitar los pantanos. En uno de estos, el automovil quedó detenido varías horas, durante las cuales los viajeros trabajaron arduamente hasta lograr sacar el coche. Otra de las dificultades sufridas, según nos manifiestan dichas personas, fué la de atravesar campos: en algunos puntos se vieron obligados a voltear el alambrado, y en otros han tenido que abonar sumas de dinero, á fin de que se les permitiera transitar por los caminos internos de las chacras. 
El sábado por la mañana inmediatamente reanudaron él viaje a esta capital, á la cual llegaron á las 4 de la tarde.
Los viajeros, al relatarnos las peripecias de la larga travesía, nos expresaron que  encontraron los caminos en muy malas condiciones y que las municipalidades locales no disponen de planos que indiquen los caminos de uno á otro.
Por tal causa, han tenido que cubrir cerca de dos mil kilómetros, distancia pocas veces recorrida en automovil, en tan pocos dias.
Los señores Jannone y De Paolis permanecerán varios dias en esta capital y, luego regresarán á Puerto Madryn en uno de los vapores de la carrera. 

Más allá de los motivos del viaje, lo más interesante del relato son las peripecias vividas por estas personas, que se lanzaron a los caminos careciendo de mapas y teniendo que internarse en caminos rurales de difícil acceso. Llama la atención lo que cuentan sobre la dificultad de atravesar campos, volteando alambrados o pagando onerosos peajes.

1918, una aventura publicitaria de Buenos Aires a Chile, pasando por la Patagonia

En el verano de 1918, el gerente de The Studebaker Corporation of America en Argentina, Davenport Brown Richardson, concibió la idea de hacer un viaje por el sur del país, cruzar a Chile y volver a Buenos Aires como parte de una campaña publicitaria de la firma. Al parecer, al inaugurar el local de ventas en Avenida de Mayo, en 1915, se enteró que un vehículo de la competencia, el Buick, había traspasado la cordillera apenas un año antes, en 1914. Para no quedarse atrás, Richardson planeó un viaje más extenso, que incluía parte de la Patagonia y los Andes en el recorrido. Partió el 13 de enero de 1918, acompañado de su familia, rumbo a Bahía Blanca. De allí siguieron a Patagones, cruzando a Viedma en balsa (el puente sobre el Río Negro recién se inauguró en 1931) y continuando hasta San Antonio. Desde ahí, siguiendo la línea del Ferrocarril del Estado, arribaron a Bariloche. A esa altura la familia de Richardson había emprendido la vuelta (seguramente en tren) y el nuevo compañero de viaje era William Paul Rhoads, responsable de la sección técnica de la automotriz estadounidense. Desde allí siguieron hacia el oeste, atravesando la cordillera por el paso de Pino Hachado, que conecta las ciudades de Zapala y Curacantín. Ya en Chile recorrieron Mulchen, Los Ángeles, Concepción, Santiago y Valparaíso, para luego cruzar los Andes por el paso de Uspallata, retornando al punto de partida. De esta manera, los intrépidos viajeros lograron lo que parecía imposible: cruzar toda la Patagonia y los Andes en automóvil. Lo hicieron al volante de un Studebaker, convencidos de que aquel vehículo era capaz de enfrentar los desafíos de una tierra sin caminos definidos, con pasos de montaña apenas transitables y ríos sin puentes. 

El viaje patagónico-andino de Richardson quedó registrado en los medios de prensa, como es el caso de estas fotos aparecidas en la revista Caras y Caretas, Nº 1019, del 13/abril/1918. Fuente: Biblioteca Nacional de España.


Posiblemente el vehículo de Richardson haya sido uno como este, un Studebaker Tourer de 1917. Fuente: Vermont Auto Enthusiasts.


1918, un viaje plagado de tranqueras

En el libro «Trelew, un desafío patagónico», de M.H. Jones, se puede leer una interesante anécdota de un viaje por la franja costera de la provincia del Chubut. Reproduzco a continuación este relato, al que accedí a través de una nota publicada en el grupo de Facebook Recuerdos del Valle Inferior del Río Chubut:


En los primeros días del año 1918, quedó establecido un récord de velocidad que permaneció por muchos años sin ser mejorado. Se trataba del tiempo empleado en cubrir la distancia entre Trelew y C. Rivadavia, en que las mensajerías de la época demoraban tres días en realizarlo, ya que partiendo de Rawson o Trelew a las 07,00 a.m se hacía la primera etapa en Cabo Raso donde se llegaba a las 07,00 p.m. Al día siguiente se salía a la misma hora (07,00 a.m) para llegar a Malaspina a las 07,00 p.m., donde se hacía noche. La tercera jornada se emprendía las 07,00 a.m para llegar a Comodoro Rivadavia a las 07,00 p.m. El camino que existía era varios kilómetros más largo que el de la Ruta 3 actual y era conocido como "el camino de la costa". Lo más penoso del caso es que, por atravesar varios campos y estancias y no existir los guardaganados conocidos luego, se debían abrir y cerrar alrededor de ¡¡100 TRANQUERAS!!, la mayoría de las cuales de muy difícil cierre y por consiguiente causantes de mucho tiempo en su atención.
El caso es que se presentó en la Compañía Mercantil del Chubut, un problema en la sucursal de Comodoro que exigía urgencia en su atención, razón por la cual la Gerencia General comisionó al señor Henry E. Jones para que se trasladase de inmediato a la sucursal precitada en cumplimiento de una misión sumamente delicada. Para ello se recurrió a un automóvil Ford T. preparado para competencias automovilísticas y que bien pronto, al ganar las carreras en que intervino, se lo conoció por el nombre de "Gran Siete", por ser siete el número de su patente municipal. Como conductor de ese coche iba el señor Roberto Saller, el norteamericano que se había contratado como Jefe del Garage de la Compañía, quien como lo demostró después en varias ocasiones, era tan buen volante como experto mecánico. Viajando en forma continuada y sin descansar arribaron a C. Rivadavia en poco menos de 20 horas, lo que representaba una verdadera hazaña para aquellos años, en que los caminos eran una seguidilla sin fin de curvas y contracurvas con el agravante de la gran cantidad de pozos que existían provocados por los huellones dejados por las tropas de carros y de tener que abrir y cerrar las tranqueras existentes. No menos meritoria y sacrificada fue la labor cumplida por el acompañante, quien cercano a los 50 años de edad y no siendo del oficio, debió ocuparse de esta agotadora tarea con las tranqueras, la mayoría de las cuales eran de difícil cierre por el mal estado en que se encontraban, todo ello realizado lo más rápidamente posible con el fin de llegar cuanto antes a destino.

Este relato me recuerda a algunas reflexiones que compartí en una nota dedicada a las tranqueras de alambre típicamente patagónicas, que suelen comprender una cierta dosis de habilidad para su correcta apertura y cierre. Pero al margen de las tranqueras, hay que ponerse en situación: corría el año 1918 (poco más de un siglo atrás) y todavía se estaba desarrollando la transición entre los vehículos de tracción a sangre y los impulsados con motores de combustión interna. El relato dice que el camino era muy malo, lleno de curvas y «huellones dejados por las tropas de carros». Ese dato le da un valor mayúsculo al récord de velocidad de estos dos señores que tuvieron que viajar de Trelew a Comodoro Rivadavia por el camino de la costa. En ese entonces, 20 horas de viaje era un avance muy significativo respecto de todo lo conocido hasta el momento. 

«Tranquera de alambre», pintura de Rodolfo Ramos donde se ve al gaucho cerrando una de estas tranqueras. Fuente: Twitter (fotografía modificada con un filtro).

 

1922, el raid patagónico del Touring Club

A finales del año 1922, el Touring Club Argentino (TCA), una agrupación civil de orígenes y fines similares a los del Automóvil Club Argentino (ACA), organizó un raid automovilístico por el sur argentino. El raid se hizo con un vehículo de origen belga, construido por la compañía Fabrique Nationale d'Armes de Guerre, también conocida como Fabrique Nationale de Herstal o simplemente como «F.N.» (en sus orígenes esta compañía se dedicaba, y aún lo hace, a la fabricación de armas), con apenas 27 HP de potencia. Viajaban en él los señores Ernesto Baldrich, León Genonceaux y Luis Jacquelin. El señor Ernesto Baldrich, en su calidad de delegado viajero del Touring Club Argentino, viajaba para reorganizar y constituir delegaciones del TCA en los territorios patagónicos, inspeccionar y levantar planos de los caminos, enviar informes sobre su transitabilidad, entre otras cosas. En el vehículo llevaban un equipo receptor de radio (identificado como R.A. 3), para mantener comunicación directa con la Capital Federal, empleando para ello una antena desarmable de 40 metros de largo. El viaje comenzó el 23 de diciembre de 1922 y tenía una duración estimada de tres meses, en el curso de los cuales se irían publicando reportes en la revista del TCA, contando las visicitudes de los viajeros, el estado de los caminos, etc. De acuerdo a una nota aparecida en el diario La Época, del 21 de enero de 1923, los viajeros habían llegado a Comodoro Rivadavia el 10 de ese mismo mes, luego de recorrer 2820 kilómetros. Por su parte, el diario La Prensa, del 8 de febrero del mismo año, informaba que el día 6 de febrero ya habían llegado a la colonia 16 de Octubre (Esquel), provenientes de Punta Arenas. De acuerdo a algunas fuentes, este viaje fue el que inspiró el nombre del tradicional hotel Touring Club inaugurado en 1926 en Trelew, sobre las remodelaciones en el mismo lugar del anterior hotel Martino adquirido por Agustín Pujol.

Fotografía del vehículo F.N. con el que se hizo el raid patagónico de Touring Club entre 1922 y 1923. Nótese la aparatosa antena del equipo de comunicaciones que llevaban los viajeros. Fuente: Academia Nacional de Historia de la República Argentina.


De acuerdo a los relatos publicados en algunos periódicos de Buenos Aires, como La Época y La Prensa, los caminos en general estaban en buen estado (entiéndase, para los estándares de aquellos tiempos) y los viajeros eran cálidamente recibidos en las localidades donde pasaban. El equipo de radio parecía andar muy bien, permitiéndoles contactarse con la capital argentina desde lugares tan lejanos como San Julián. Por último, es interesante rescatar un comentario aparecido en el diario La Época, donde advierten que el cruce del Río Colorado podría verse interrumpido porque el propietario del campo donde atracaba la única balsa que cruzaba el río oponía dificultades para su operación.


2025, llegando a la meta (con este artículo)

Este recorrido termina abruptamente acá, pero solo por el momento. Hay más historias de viajeros patagónicos de aquella época que merecen ser recordadas y contadas. También me debo (y les debo) una revisión y profundización de otras historias ya publicadas, como la de Braun y Schick, en donde quedan cosas por sacar a la luz. Pero teniendo en cuenta que ya es diciembre y que el año se nos escurre delante de nuestros ojos, prefiero concluir en este punto y dejar algo para el próximo año... o próximos años. Nos vemos en la siguiente nota, como de costumbre. Gracias por leer.

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