domingo, 27 de noviembre de 2011

Cuando la Patagonia invadió al Reino Unido

Desde que leí el libro de Jean Raspail, "Adios, Tierra del Fuego", me quedó dando vueltas por la cabeza esta historia. Todo comienza en Francia, a fines de la década de 1850. Orélie Antoine de Tounens, un abogado de la región de Dordoña, se autoproclama Rey de la Araucanía y la Patagonia, y con ello comienza una historia de sueños y quimeras propio del siglo XIX que se extiende hasta nuestros días. Dejando de lado el análisis de si hubo alguna intención colonial de Francia detrás de esta empresa o si fue una utopía soñada por un personaje singular en un tiempo muy particular, la historia del reino de la Araucanía y la Patagonia se ha extendido hasta bien entrado el siglo XX, y probablemente también hasta el XXI. Porque más allá de que Su Majestad Orélie Antoine I fracasó en su empresa, son muchos los que han levantado el estandarte del utópico reino y lo han mantenido vivo hasta nuestros días, llegando incluso a la invasión lisa y llana de suelo británico. Sí, suena disparatado, y lo es, aunque solo en parte. Dejen que les resuma los hechos lo más brevemente que pueda.

Su Majestad Orélie-Antoine I

La utopía de Orélie Antoine I no terminó a su muerte, sino que fue continuada por supuestos herederos al trono, y un grupo de soñadores. En ese entonces los hombres exploraban los últimos confines del planeta y ya no quedaban nuevas tierras ni nuevos mundos por descubrir. Por eso la Patagonia se convirtió en esa Terra Incognita de los exploradores del pasado, y el mito comenzó a tomar forma. Una bandera, monedas, un gobierno en el exilio, y papeles de ciudadanía completaron la puesta en escena. Incluso el mismo Jean Raspail confiesa que al sumergirse en la historia de Orélie no pudo escapar de su atracción y se convirtió en parte de ese reino de fantasía, autotitulándose Cónsul General de Su Majestad.

Bandera del Reino de la Araucanía y la Patagonia


Así estaban dadas las cosas cuando llegó el año 1982 y la trágica guerra de Malvinas. No voy a explayarme en este punto, eso quedará para otras entradas futuras, aunque sobre el tema Malvinas ya he comentado alguna cosa durante este año (ver Puerto Luis, Borges, y el naufragio del Sea Ranger). Luego de la recuperación de las islas por parte de la Argentina, el Reino Unido volvió a ocuparlas y las cosas volvieron al estado previo a partir del 14 de Junio de 1982. El Reino de la Patagonia emitió un comunicado reclamando al soberanía sobre las islas, argumentando que eran parte indivisible del reino y que ni la Argentina ni Gran Bretaña tenían derecho a su ocupación. Como era de esperar no hubo respuesta de ninguno de ambos bandos, que daban por inexistente al reino. Fue entonces que los funcionarios de turno urdieron un plan: iban a ocupar territorio británico para hacer escuchar su voz.

Artículo en el ABC de España del 15 de Abril de 1982 (en plena guerra de Malvinas)

El 24 de Mayo de 1984, Jean Raspail, en su papel de Cónsul General de la Patagonia, se acercó a la embajada de Inglaterra en París y dejó una carta al embajador. La misiva contenía un ultimátum del gobierno real de la Patagonia, que establecía que si las fuerzas armadas británicas no evacuaban las islas Malvinas en siete días, la Patagonia invadiría, como medida de represalia, una porción del territorio británico, cuyo nombre y posesión no se revelarían.

"Las Falkland (Malvinas) no fueron evacuadas. Incluso dudo de que mi carta haya subido hasta el embajador, probablemente bloqueada por un simple secretario que se resignó a sonreír. Nosotros también, pero él se equivocaba. El 31 de Mayo, una hora antes del amanecer, mientras la noche envolvía aún las silenciosas islas Chausey, dos pequeños navíos fondeados levaron anclas (un cúter y una balandra) y se deslizaron por el paso noroeste, dejando los peñones de La Massue a babor y los bancos de La Déchirée a estribor. El tiempo era soberbio. La suerte había embarcado con nosotros. Cuando amaneció, navegamos con una linda brisa sobre un mar vacío, sin testigos, amigos o enemigos. Moscato, salame, café. Como corsarios que éramos, cuando nuestros pilotos estimaron que habíamos abandonado las aguas francesas por las inglesas de las Minquiers, procedimos en ambos barcos a cambiar los pabellones, arriando el tricolor azul, blanco y rojo para reemplazarlo en el asta de popa por el azul, blanco y verde patagón. Fue un momento muy lindo. La escuadra de Su Majestad Orélie-Antoine I, mar adentro y a toda marcha, dejando lejos detrás de ella el mundo ordinario, había entrado en el universo de los sueños donde todavía hay tierras que descubrir y reinos que conquistar." - Jean Raspail, Adiós Tierra del Fuego.

Mapa de las islas Anglonormandas y el archipiélago de las Minquiers (Patagonia Septentrional)

La insólita, o increíble, no sé que se ajusta más a la realidad, marina Patagona, había encarado la invasión de las islas Minquiers. Estas islas conforman un archipiélago inhabitado e inhabitable, a decir por el mismo Raspail, que permanece casi completamente sumergido durante las mareas altas, y que al bajar la marea deja al descubierto cientos de peñascos, rocas afiladas y bancos de arena que son la pesadilla de los navegantes. La única porción de tierra que permanece siempre fuera del agua es una pequeña meseta rocosa llamada Maîtresse, donde se halla una pequeña aldea constituida por unas cuantas casas que son ocupadas en forma ocasional por pescadores de la isla de Jersey. Pero nadie, en su sano juicio, reside allí en forma permanente, solo se la emplea en casos de emergencia. Este minúsculo archipiélago está muy cerca de la costa francesa, apenas a una decena de kilómetros de la islas Chausey (Francia), pero pertenecen a Inglaterra (¿acaso les recuerda a algo similar?). Hacia allí se dirigió la singular expedición el 31 de Mayo de 1984. No encontraron a nadie en el lugar, aunque tuvieron el recaudo de dejar a alguien de vigía por si aparecía la patrulla marina de la isla de Jersey. El resto de la tripulación desembarcó en la isla Maîtresse, e hizo un breve reconocimiento. En el medio de la meseta se alzaba un mástil de unos quince metros, con la bandera británica ondeando en lo alto, por lo que...

"Precisamente, el pronóstico se arruinaba, anunciando una fuerte depresión del noroeste para las próximas treinta y seis horas. Nos quedaba un poco de tiempo. Primero, tomar posesión. Desde que el derecho a la conquista ya no se le reconoce a nadie y provoca la desaprobación general, se perdió la costumbre de este tipo de ceremonias. Tuvimos que innovar, inspirándonos en el siglo XVIII, en calidad de hidalgos y navíos de Su Majestad. Habíamos hecho fabricar en los talleres del Rey un inmenso pabellón patagón que pronto desplegó sus colores en lo alto del mástil, mientras que, alineados en el orden adecuado y adoptando la posición de firmes adaptada a nuestra condición de reservistas auxiliares, saludamos el vuelo azul, blanco, y verde en el cielo cargado de nubes de la isla Maîtresse de las Minquiers, bautizada Puerto Tounens para la eternidad." - Jean Raspail, Adiós Tierra del Fuego.

Vista de la isla Maîtresse y su aldea [gentileza Bertrand Guizard]

La inusual ceremonia prosiguió con el pegado de una placa de mármol al pie del mástil, donde se declaraba en nombre de S.M. Orélie Antoine I que el archipiélago de las Minquiers pasaba a formar parte del reino de la Patagonia. Discursos y el tarareo de un himno sin letra completaron la puesta en escena, haciendo al acto en sí mismo tan creíble que los mismos "invasores" casi acaban por creerlo. Se nombró a uno de ellos, identificado por las siglas A.S. como gobernador civil y militar de Puerto Tounens, además de curador apostólico del archipiélago (según Raspail, el Reino de la Patagonia es católico). Su discurso fue breve y concreto: "Las Minquiers se han convertido en tierras patagonas. Seguirán siéndolo". Luego de aquel acto, la comisión de Vocablos del Instituto Geográfico Patagón (sic) procedió a realizar algunos cambios  de denominación en los accidentes geográficos que conforman las Islas Minquiers. Así fue como aparecieron Puerto Pikkendorff, el Pequeño Hornos Septentrional, las Islas Wollaston Septentrionales, y otros. Terminado el protocolo, antes de volver al continente, surgió un último asunto:
"Finalmente, se planteó el interrogante de qué hacer con la bandera británica, botín de guerra. Guerra galana: fuimos magnánimos, La volvimos a poner en lo alto del mástil, no sin antes quitarle con el delicado corte de nuestras Opinel algunos significativos pedacitos, con honor, en la única driza, pero debajo de la gloriosa azul, blanca y verde que la dominaba un buen metro más arriba, como se hacía en otros tiempos en los buques de guerra, cuando la tripulación de prisa izaba sus colores en medio de los vítores de la flota. A los ingleses no les gustó." - Jean Raspail, Adiós Tierra del Fuego.

Antes de caer la noche, el grupo expedicionario retornó al continente. Un viento fuerte del noroeste amenazaba con hacer difícil la navegación, cosa que ocurrió efectivamente poco después y a lo largo de tres días seguidos. Al amanecer del día siguiente se distribuyeron cartas a las principales agencias de prensa, las cuales difundieron la noticia sin siquiera verificarla: la AFP (Agence France Press), Reuter, Radio France Manche, Times, Figaro, Daily News, etc. Recién el 4 de Junio el barco patrullero de la isla de Jersey pudo acercarse y comprobar la veracidad de la invasión. No cayó para nada bien en el gobierno inglés, Thatcher fue interpelada por el asunto, y hubo algo de revuelo diplomático.

El juego no terminó acá, si es que puede denominarse juego en su más estricto sentido. La invasión se repitió doce años después, el 30 de Agosto de 1998. Esta vez Raspail no participó directamente de la invasión, sino que se quedó en tierra a la espera de los resultados. La expedición fue un poco más allá en este caso, izando no solo la bandera del Reino de la Patagonia, sino que trayendo de vuelta, a modo de trofeo, la enseña británica. Al igual que la vez anterior, se procedió con honor a restituir la bandera, pero a condición de que le mismo Raspail fuese recibido por un representante de alto rango de la embajada. El 3 de Septiembre, el ministro plenipotenciario y consejero político de la embajada británica en Paris, Sherard Cower-Coles, recibió a Raspail en la embajada. La noticia fue primera plana del Times durante tres días seguidos, y se armó un revuelo más que interesante. Final de la historia, se devuelve la bandera, se intercambian saludos, y Cowwer-Coles le pregunta que piensa hacer la Patagonia en el futuro... pero mejor les dejo que el mismo Jean termine la historia:

"-Nada nos urge por el momento -le respondí-. Hemos arfimado nuestra soberanía en las Minquiers por veinticuatro horas y eso le basta a nuestro rey, que tiene la eternidad por delante. Pero dentro de catorce años volveremos a desembarcar, y quizá sea por más tiempo.
Mr Cower-Coles se sorprendió: "¿por qué catorce años?".
Se lo dije: 1984, 1998, 2012, un ciclo de catorce años. En 2012, Mr Cower-Coles habrá abandonado la carrera, se habrá olvidado de toda la historia, al igual que el gobierno británico, probablemente yo ya no esté en este mundo, pero estoy dispuesto a apostar que la tradición será respectada. El pabellón real patagón azul, blanco y verde recuperará su lugar en el viento, en Puerto Tounens, en 2012. Hay riesgo de que haya bastante gente en las filas de las tripulaciones. Conozco a unos cuantos que ya se están preparando, que hacen planos, dibujan barcos...
Y por qué no 2026, 2040, 2054... Así es como nacen y se arraigan las leyendas. nunca se sabe... son cosas de la Patagonia" - Jean Raspail, Adiós Tierra del Fuego.
La invasión de las Islas Minquiers acaparó la atención de períodicos a ambos lados del Atlántico, y en varios idiomas.

Así que no queda más que esperar. 2012 está a la vuelta de la esquina. El mítico reino de la Patagonia se apresta a surgir desde las brumas de los sueños y las fantasías para hacer su acto de presencia. ¿Estaremos atentos? Yo sí. Es más, creo ver los navíos zarpando, con las velas hinchadas por el viento. Ahí vienen...

2 comentarios:

  1. ¡Excelente anécdota, que desconocía por completo! Casi me siento tentado de enviar una carta solicitando la ciudadanía de la Patagonia a Su Majestad, jeje... Por ahí hasta me enrolo en su Armada para participar de la próxima "invasión".

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias John Francis por tu comentario. Al parecer la "invasión" de 2012 no se llevó a cabo, o al menos no hubo ninguna difusión al respecto, pero bien podría darse en cualquier momento. ¡Animos! Saludos

      Eliminar