sábado, 29 de septiembre de 2018

(Absurdas) Noches de invierno en el cementerio

[Lo que sigue es una anécdota personal sucedida en una cada vez más distante juventud]

Corría el año 1992 (o 1993, no estoy seguro). Era un sábado a la noche, como decía la canción de Pipo Cipolatti, pero no hacía calor, sino todo lo contrario, un frío polar. Otra vez nos habíamos reunido en el quincho de Pechu. Prefiero mantener en el anonimato a los nombres reales, por lo que describiré a los involucrados en esta historia por sus sobrenombres, o iniciales, para identificarlos. Durante los últimos dos años de la escuela secundaria el quincho de la casa de Pechu era el punto de reunión inevitable de los fines de semana. Alguna que otra vez podía ser el taller de mi viejo (¡qué frío que pasábamos ahí!) o alguna otra casa, pero la que estaba seleccionada por defecto era la de Pechu. Como les decía, era un sábado a la noche, del mes de junio o agosto, y nos habíamos reunido como de costumbre para comer unas pizzas, jugar a las cartas y divagar un rato. Ese día estábamos presentes el anfitrión (Pechu), el Colo, el Tanque, J-K, Bobby, JB, VT y un par más (¿GV? ¿El Turco?), además de quien escribe. En algún momento después de la medianoche salió el tema de quien se atrevía a entrar en el cementerio durante la noche. La casa de Pechu estaba muy cerca del cementerio local, por lo que no era raro tener que pasar por sus inmediaciones. Quizás hoy en día parezca una tontería (y lo era), pero no sé por qué motivo el tema de entrar en el cementerio durante la noche era algo sobre lo que siempre circulaban rumores. De hecho, hasta recuerdo que mi padre contaba una anécdota de ese tipo. Según decía él, en su juventud, le hicieron una apuesta para entrar al cementerio durante la noche. Él fue y le dieron un susto de aquellos algunos amigotes que lo estaban esperando. Historias de este tipo se contaban en la mayoría de las localidades del interior, e incluso en los países vecinos. Uno de los relatos que suele repetirse mucho, un mito urbano de ocurrencia dudosa, es aquel que refiere al sujeto que pasa la noche en el cementerio, como parte de una apuesta, pero que al irse siente que algo le pega el tirón de la bufanda que lleva al cuello y el miedo le provoca un infarto fulminante. El algo que lo retenía era su propio facón, que se había clavado en la tierra, aprisionando el extremo de la bufanda. Como esas, hay miles, la mayoría de las cuales procede de unas pocas historias de base, que se matizan y propagan con el tiempo. Como sea, en algún momento de la noche de ese invierno del milenio pasado surgió este tema, y ante la falta de valientes a la antigua usanza nos decidimos a entrar todos juntos (unos guapos bárbaros).
Fuente: tumblr.

martes, 4 de septiembre de 2018

La extraña costumbre argentina de perder el tren

Quizás no sea el mejor momento de publicar esta nota, no lo sé. O quizás sí, este es el momento de hacerlo, con las cosas en caliente. Independientemente de la pertinencia de la publicación, la verdad es que lo que me impulsa a escribir es la situación general del país, lo cual no se limita a lo económico-financiero, sino a lo social, educativo, etc. Evito escribir este tipo de artículos, no tanto por que no tenga opinión formada o no me interese, sino porque estoy harto de que a la mínima opinión que uno emita, ya saltan a ponerte cartelitos y etiquetarte, como si fueras un ejemplar zoologico de un museo: Especie, subespecie, genero, etc... En Argentina, desde que recuerdo, pero en especial del 2001 para acá, todo se ha bipolarizado: sos macrista o kirchnerista, peronista o antiperonista, populista o liberal, nacionalista o vendepatria, y una larga lista de antinomias. En Argentina los grises se han abolido, y todo se ha convertido en un perverso Blanco vs Negro. Pero yo no soy ninguna de las dos cosas, la lógica binaria está bien para las computadoras, pero es nefasta para los seres humanos de carne y hueso. El mundo, la realidad, la economía, la sociedad, la vida misma, es gris. A veces más oscuro, a veces más claro, pero gris, indudablemente gris.